Ni Estados Unidos ni Irán quieren ceder, y nadie gana. El petróleo bloqueado en el estrecho se dispara ya un 50% desde el comienzo de la guerra.

Artículo publicado en El Correo (01/05/2026)
El ‘chicken game’ simula a dos conductores que se dirigen a un puente de un solo carril desde direcciones opuestas. Si uno de los dos se aparta y cede el paso, es la gallina. Si ninguno de los dos se desvía, el resultado es una colisión frontal. Se emplea para describir conflictos cuya escalada no tiene ganador. En el estrecho de Ormuz, ni Estados Unidos ni Irán quieren ser la gallina. Ninguno cede y nadie gana. Ambos intentan demostrar su firmeza y esta estrecha vía marítima es el escenario.
El estrecho de Ormuz mide 21 millas marinas (33 kilómetros) en su parte más angosta, sin embargo, para los grandes petroleros solo son navegables seis millas. Es una ruta de navegación vital porque conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico. Hasta que se inició la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, una quinta parte del comercio mundial del petróleo y del gas natural licuado, procedente de Irán y de otros países del golfo Pérsico como Irak, Kuwait, Catar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, transitaba por el estrecho de Ormuz. Más del 80% del crudo se dirigía a los mercados asiáticos de China, India, Japón y Corea del Sur.
Esta franja de mar está cubierta por las aguas territoriales de Omán y de Irán, lo que significa que el estrecho no está sometido a la soberanía de un solo país. Irán controla la parte norte del estrecho mientras que Omán controla la parte sur. Son dos Estados ribereños que se comportan de manera distinta en este espacio del mar compartido. Omán mantiene una posición pacífica, mediadora y contraria a la imposición de tasas. Además, es Estado parte en el Convenio de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. Pero Irán no lo es. Incluso ha objetado de manera persistente su aplicabilidad. Al Estado persa le sería aplicable, en tiempo de paz, un acuerdo anterior, el Convenio sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua de 1958. Este prevé que el paso de buques extranjeros por los estrechos que se utilizan para la navegación internacional no puede ser suspendido. En cualquier caso, ambos convenios internacionales rigen solo en tiempo de paz, por lo que no son aplicables a la situación actual.
Hay que distinguir entre las normas que rigen en tiempo de paz y las que rigen en tiempo de guerra. Estamos ante la segunda situación. Irán alega que el bloqueo naval sobre el estrecho de Ormuz es una medida de legítima defensa ante el ataque armado recibido. Ahora bien, la legítima defensa ha de tener por objeto repeler un ataque real y concreto contra el sujeto que lo comete. Sin embargo, el bloqueo iraní no solo se dirige a los dos Estados agresores, EE UU e Israel, sino que tiene consecuencias en el mundo entero.
Por su parte, cuando Estados Unidos anunció el bloqueo sobre el estrecho de Ormuz, el secretario de Estado, Marco Rubio, alegó que era exclusivamente contra el transporte iraní, no contra el transporte marítimo mundial. Lo describió como una medida de presión para imponer sus exigencias en materia nuclear. Pero sin una operación militar terrestre, con los riesgos políticos que eso implicaría, la eficacia de las fuerzas navales y aéreas estadounidenses para imponer dicho bloqueo está siendo limitada.
La negociación es la única salida. El día 27, el embajador de Estados Unidos, Mike Waltz, acudió al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y allí propuso la creación de una coalición para garantizar el paso de buques por el estrecho de Ormuz. Pero China y Rusia impidieron que la propuesta saliera adelante. Rusia señaló que «Estados Unidos e Israel y el ataque no provocado a Irán son la fuente del problema». Un bloqueo tras otro.
Era de esperar que la crispación llegara a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), que se encarga de coordinar el mercado global del crudo. Trump acusó a sus Estados miembros de «estafar al resto del mundo inflando los precios del petróleo». Emiratos Árabes Unidos anunció su salida inmediata de la OPEP. Esto es una victoria de Trump y un golpe más a los países exportadores de petróleo, en particular, a su líder ‘de facto’, Arabia Saudí. Así las cosas, el petróleo, atrapado en el estrecho, se dispara en más de un 50% desde el inicio de la guerra. Trump sigue haciendo amigos. Y Ormuz se ha convertido en el lugar perfecto para jugar a la gallina.
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