En la conferencia «La economía como camino hacia el cuidado, la justicia y el bienestar colectivo», celebrada en la Universidad de Deusto el pasado 11 de mayo de 2026, la economista vaticana reivindicó el legado del papa Francisco y defendió una economía que sitúe a las personas más vulnerables en el centro del desarrollo y la transformación social.

Ane Bores | Gabinete de prensa de la Universidad de Deusto.
La economista italiana Alessandra Smerilli, una de las figuras más influyentes de la Santa Sede en el ámbito de la economía y la agenda social, participó en la Universidad de Deusto en una conferencia en la que reflexionó sobre el papel de la economía en la construcción de una sociedad más justa y solidaria, a partir del pensamiento del papa Francisco.
Durante su intervención, Smerilli quiso subrayar cuál es el núcleo del mensaje social del pontífice, insistiendo en una idea que, según señaló, a menudo no se ha comprendido en toda su profundidad: el deseo de Francisco de que las personas pobres, excluidas y marginadas no sean únicamente objeto de políticas asistenciales, sino protagonistas del cambio social.
En este sentido, explicó que quienes han sufrido mayores dificultades en la vida cotidiana desarrollan capacidades de creatividad, resiliencia y adaptación que los convierten en actores clave para proponer soluciones a los problemas sociales. «Quien ha sufrido más, quien ha sido descartado, quien cada día debe encontrar soluciones creativas para poder vivir, tiene mucho que enseñar y sabe cómo se puede cambiar el mundo», afirmó.
A partir de esta idea, Smerilli insistió en que el verdadero desarrollo no consiste en que unos “desarrollen” a otros, sino en generar condiciones que permitan a cada persona desplegar su propio potencial. «Nadie puede desarrollar a otra persona; nosotros solo podemos poner las condiciones para el desarrollo», señaló, subrayando un enfoque basado en la autonomía y la dignidad de las personas.
Inclusión y herramientas económicas: el papel del microcrédito
En este marco, la economista abordó también los mecanismos financieros que pueden contribuir a una mayor inclusión social. Entre ellos destacó el microcrédito como una herramienta eficaz para apoyar proyectos de personas que, de otro modo, quedarían excluidas del sistema económico tradicional.
Smerilli explicó que la diferencia entre una donación y un préstamo no es únicamente técnica, sino profundamente humana. Mientras que el donativo puede percibirse como una ayuda que desciende de arriba hacia abajo, el préstamo implica una relación basada en la confianza. «Dar un préstamo significa decirle a una persona: creo en ti, creo en tu proyecto y en tu capacidad para devolverlo y generar algo que también beneficie a otros», afirmó.
De este modo, el acceso al crédito se convierte en una forma de reconocimiento de la dignidad y la capacidad de las personas, permitiendo que quienes han sido tradicionalmente excluidos puedan convertirse en agentes activos de su propio desarrollo y del de sus comunidades.
Crítica al paradigma tecnocrático
La intervención también abordó una de las preocupaciones recurrentes del papa Francisco: el denominado «paradigma tecnocrático». Smerilli explicó que vivimos en un contexto en el que la ciencia, la tecnología y la economía tienden a presentarse como soluciones autosuficientes a todos los problemas.
Sin embargo, advirtió de que este enfoque puede conducir a una sociedad que termina subordinada al dinero y a la técnica, en lugar de utilizarlos como instrumentos al servicio del bien común. En su opinión, el riesgo es olvidar que el desarrollo tecnológico y económico debe estar siempre orientado por criterios éticos y humanos.
El papel de la universidad y la formación integral
En este contexto, la economista vaticana reflexionó sobre la misión de la universidad, especialmente de aquellas instituciones de inspiración católica como la Universidad de Deusto. Según Smerilli, el objetivo de la educación superior no debe limitarse a la transmisión de conocimientos técnicos, sino que debe formar personas capaces de interactuar con la complejidad del mundo actual contribuyendo al bien común.
Ante los desafíos contemporáneos, como el desarrollo de la inteligencia artificial y la creciente especialización del conocimiento, defendió la necesidad de formar personas «sapientes», capaces de integrar distintas dimensiones del saber y de actuar con responsabilidad social.
En este sentido, destacó la importancia de la tradición educativa jesuita y del concepto de discernimiento, entendido como la capacidad de interpretar los signos de los tiempos y tomar decisiones con criterio ético. «Hoy necesitamos personas que sepan discernir con sabiduría lo que está ocurriendo en el mundo», apuntó.
Formar el corazón para transformar la sociedad
La intervención concluyó con una reflexión sobre el sentido profundo de la educación. Más allá de las competencias técnicas, Smerilli subrayó la importancia de formar el corazón de las personas como condición necesaria para transformar la sociedad.
Según explicó, el conocimiento y las habilidades profesionales son fundamentales, pero no suficientes si no van acompañados de una formación ética y humana que permita orientar el uso de la tecnología y de la economía hacia el bien común.
«Solo así podremos hacer evolucionar la sociedad hacia el bien común», concluyó, insistiendo en la necesidad de construir un modelo de desarrollo que ponga a la persona en el centro y que promueva una economía del cuidado, la justicia y la inclusión.

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