León XIV explica que el mundo necesita de forma urgente e imperiosa una gran coalición internacional dispuesta al cese de las guerras y a proteger a sus víctimas.
Artículo publicado en El Correo (23/07/26)

En la época de la revolución industrial, la encíclica ‘Rerum Novarum’ del Papa León XIII se preguntaba por el camino para alcanzar un orden social justo, por la tensión entre el capital y el trabajo, así como por la prosperidad que la máquina de vapor podría aportar a la Humanidad. Aquella pregunta fue definitiva en la consolidación de la Doctrina social de la Iglesia que, a su vez, fue determinante en el desarrollo mundial de la legislación social del siglo XX. Exactamente 135 años después, la profunda y valiente encíclica ‘Magnifica Humanitas’ del Papa León XIV se pregunta sobre cómo custodiar la dignidad de la persona en tiempos de la inteligencia artificial y en un periodo, a su vez, convulso para la Humanidad.
La encíclica aborda múltiples aspectos de interés. Este artículo se centra en uno de ellos. El que se refiere al Derecho Internacional, contenido en el capítulo titulado ‘La cultura del poder y la civilización del amor’, en el que el Papa plasma su preocupación por adaptar el orden internacional a la época contemporánea. En concreto, el punto de unión más claro entre la encíclica y el orden internacional es la guerra. León XIV describe cómo hemos transitado de una concepción de la guerra como última ‘ratio’ a su normalización. Y sostiene que «la guerra no solo se libra, sino que también se prepara culturalmente a través de narrativas simplistas, lógicas de amigo-enemigo, desinformación y miedo». Es decir, sitúa la guerra dentro de un cambio de paradigma del discurso político, con la inquietante rehabilitación de la misma como instrumento de la política internacional.
Aún más, el uso de la inteligencia artificial en los conflictos armados hace que el sentido de la responsabilidad personal se diluya. Cuando la decisión de atacar se automatiza, ¿cómo se identifica la cadena de responsabilidades? ¿Quién planifica, entrena y autoriza? ¿Cómo se rinden cuentas? La tecnología permite atacar sin ver el rostro del otro. ¿Cómo se aplica entonces la norma del Derecho Internacional humanitario que obliga a distinguir entre la población civil y los combatientes? Hay un factor aún más crítico: la inteligencia artificial reduce los tiempos de reacción a una fracción de segundo y acelera la toma de decisiones. En la guerra, un error no se puede corregir, las decisiones son irreversibles.
El control de las acciones y la rendición de cuentas exigen una arquitectura institucional sólida e inquebrantable. No es casual que la parte final de la encíclica reconozca la actual debilidad de la ONU, emplace a su reforma y a la reorientación del multilateralismo, basado en la diplomacia y en el diálogo dirigido a alcanzar el bien común. Contrapone el mundo en guerra, hostil y violento, con la aspiración a construir «la civilización del amor», expresión que acuñó el Papa Pablo VI en otra encíclica memorable, ‘Populorum Progressio’, hace casi sesenta años.
Hoy 23 de julio presentan su candidatura a la Secretaría General de Naciones Unidas cinco mujeres y dos hombres. Quien suceda al actual secretario general, António Guterres –cuyo mandato coincidió con un momento de inflexión existencial de la organización–, asumirá el cargo marcado por la ineludible transformación de la ONU y por el cambio de ciclo de la civilización. Deberá dotarse de creatividad –a la que, junto al arte, también se refiere la encíclica– y de coraje para erigir a Naciones Unidas en el centro que aglutine a los Estados bajo los principios del mantenimiento de la paz y de la protección de los derechos humanos.
El multilateralismo fue descrito por el profesor de la Universidad de Harvard John Ruggie como la coordinación de los intereses y de las acciones de los Estados bajo los principios recogidos en la Carta de las Naciones Unidas (‘Multilateralism Matters’, 1990), principios a los que apela León XIV cuando invoca precisamente al diálogo internacional. En términos jurídicos, esto equivale a exigir un Derecho Internacional renovado, capaz de regular el poder tecnológico global con los mismos estándares con que protege los derechos humanos.
El mundo necesita de forma urgente e imperiosa una gran coalición internacional dispuesta al cese de las guerras y a proteger a sus víctimas. Para explicarlo, el Papa León XIV emplea dos metáforas contrapuestas inspiradas en la imagen de una construcción. Por un lado, la Torre de Babel fue un proyecto faraónico, levantado sobre la imposición y la inmediatez, cuyo fin era llegar al cielo y dominarlo. En el extremo opuesto, cuando Nehemías, el judío exiliado que regresó a Jerusalén, encontró la ciudad derruida, no impuso soluciones unilaterales. Convocó a las familias, confió a cada una un tramo de muralla para que la reconstruyera piedra a piedra, escuchó los temores, y coordinó los esfuerzos, tejiendo una alianza que devolvió la esperanza a la comunidad.
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