Artículo publicado en El Correo (21/09/2026)

A la ciudadanía le suele gustar que los políticos describan la realidad que ellos viven con la mayor precisión posible. Sobre todo, en mitad de una crisis o de una preocupación extrema compartida. Los malos resultados de PISA que retratan al alumnado de Euskadi a la cola del aprendizaje en el ranking español se convirtieron en el tema crítico que dominaba la agenda mediática y callejera en la semana que el lehendakari debía colocar sus prioridades en el Pleno de Política General que abre el curso político.
Pradales podía haber elegido minusvalorar el problema, matizar detalles sin relevancia o enfatizar todo lo bueno que está haciendo ya su Gobierno como hizo la consejera de Educación el día anterior en entrevista radiofónica, pero tomó el camino contrario que le acercaba más a la realidad que estaban compartiendo los ciudadanos.
Renunció a los paños calientes, calificó los resultados del informe PISA como malos sin paliativos y reconoció que no estaban logrando los resultados esperados. A los gobiernos además de pedirles que solucionen los problemas de la ciudadanía se les pide sensibilidad o ajuste con la realidad. Y ese alejamiento de la realidad es lo que suele enfadar más a los ciudadanos. Hasta ahora, una de las caráctisticas más relevantes del liderazgo del lehendakari es la sensibilidad como volvió a demostrar en el Pleno de la semana pasada. La sensibilidad de un gobierno no se demuestra únicamente cuando presenta una solución, sino también cuando es capaz de reconocer que los datos contradicen el relato cómodo de su gestión.
El principal partido de la oposición, por su parte, también está leyendo bien la realidad del clima social en Euskadi. Nadie podrá acusar a EH Bildu de hacer una oposición irresponsable, antisistema o polarizadora en el Parlamento vasco. La estrategia de oposición adoptada por EH Bildu puede interpretarse como una apuesta por la responsabilidad institucional y la negociación frente a la movilización social. La apuesta por la desmovilización se puede visibilizar con nitidez en la exclusión de la ciudadanía como elemento de presión o legitimación social en la elaboración del nuevo Estatuto vasco. La discreción y los despachos como energía creadora de los nuevos pactos de país ayuda a mejorar la imagen de responsabilidad institucional pero aleja a la ciudadanía de la participación.
Colocar a la ultraderecha como el mayor enemigo de Euskadi es situar dentro de tu equipo a los dos partidos que gobiernan en Euskadi. La alternativa no sería lo importante en ningún tema, ni en seguridad, ni en industria, ni en vivienda ni en sanidad o educación. Lo importante seguiría siendo transmitir seriedad, respeto y voluntad de acuerdo con el que aspiras a sustituir. El principal partido de la oposición sostiene que algún día cercano en estos tiempos convulsos la gestión ordinaria no será premiada. Y cuando se estropee el Gobierno la ciudadanía tendrá a su disposición otro PNV nuevo más capacitado para la gestión extraordinaria que requerirá el nuevo momento histórico.
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