Artículo publicado en en el blog Ekonomiaren Plaza de El Diario Vasco (22/09/2026)

Durante varios años utilicé el tríptico de arriba en las clases sobre internacionalización y estrategias para el negocio internacional.
Reflejaba que las empresas pueden ir al extranjero porque (a) presumen de tener un producto o servicio que interesa a foráneos: venden algo que es diferente o más competitivo que la oferta local de un mercado extranjero; (b) encuentran mejores inputs por allí que en casa: cosas más baratas, de mayor calidad o con mayor disponibilidad que los insumos presentes en su mercado doméstico; o (c) quieren demostrar que son los mejores en la arena internacional y acuden a los mercados más competidos, donde se exponen a los más fuertes y/o interactúan con actores (proveedores, centros tecnológicos, clientes, …) que mejoran a la propia empresa.
Hay mercados que pasan de ser una cosa a otra. China puede ser un buen ejemplo. Durante bastante tiempo fue una fuente para comprar inputs y traerlos aquí o para fabricar in situ y traer producto chino hacia aquí (o distribuirlo por su mercado doméstico u otros mercados cercanos). Entretanto, hemos entrado en un periodo en el que China (también) es un mercado, que nos cuesta penetrar -por proteccionismo y porque la calidad del producto local ha mejorado mucho, y un competidor: un país que fabrica cosas que pueden rivalizar en el mercado internacional -y no solamente por subsidios estatales.
En la estela de todo esto, mi colega Mikel Gaztañaga me ha recordado en varias ocasiones que Jörg Wuttke llama a China el fitness centre del mundo. Si te quieres poner en forma, o saber cómo estás: vete allí, y descubrirás si eres world class o no.
El 7 de septiembre Orkestra-IVC y la Fundación BBK organizaron un taller con la Comunidad de empresas Campeonas Ocultas vascas sobre “colaboración con centros tecnológicos”. Allí salió otra vertiente del poderío actual chino: China como lugar para hacer I+D+i y cómo el ecosistema científico-tecnológico chino aúpa a los homólogos chinos de nuestros líderes en nichos de mercado internacionales, los Single Champions. Al mismo tiempo, se comentó cómo, en un número creciente de campos tecnológicos, los centros chinos han superado a sus equivalentes occidentales y se han convertido en puntos de referencia mundiales.
Aunque igual no era la primera opción de los asistentes, sí se instaló en las mentes del público la idea de que hacer I+D+i en China o hacerlo con partners chinos puede ser una opción a considerar para ciertas cuestiones. Sobre todo, si una empresa está pensando en vender en China o Asia, y diseñar y fabricar un producto en Europa para dichos mercados lleva a menor agilidad y capacidad de respuesta de cara a las preferencias del público objetivo in situ.
Desde luego, la competencia entre economías o entre países y bloques económicos no se juega únicamente de empresa a empresa, sino entre la empresa y el sistema que la rodea en un lugar frente al entramado formado por la empresa y su entorno en otro lugar. De esta manera, el avance de las empresas chinas frente a sus competidores vascos, europeos u occidentales no debe analizarse únicamente desde una perspectiva microeconómica o empresarial, porque las empresas chinas se apoyan en un sistema de soporte, unas capacidades científico-tecnológicas y unas políticas que imprimen mucha velocidad a su desarrollo.
En definitiva, China ya no solo ha irrumpido en el mercado mundial como proveedor y comprador, sino que también empieza a formar parte del entorno tecnológico con el que las empresas industriales occidentales, incluidas las vascas, deben convivir y competir.

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