Artículo publicado en El Correo (13/10/2026)

En cada sector reconocemos empresas que son simbólicas más allá de su posición en rankings. Así ocurre con Goldman Sachs, uno de los bancos de inversión, mercados de capitales, gestión de activos y banca privada más grandes y rentables del mundo. Son uno de los más reconocidos oráculos en el ámbito financiero.
Han pasado cuatro meses desde que David Solomon, CEO de Goldman Sachs, fue ponente principal en The Economic Club of New York, una organización no partidista que nació en 1907 (1).
Me llamó mucho la atención el título que utilizaron muchos periódicos para reflejar la relevancia de su ponencia: ‘We are definitely in a moment where there’s more greed than there is fear’, (‘Sin duda estamos en un momento en el que hay más codicia o apetito por el riesgo que miedo’.).
Mi primera reacción fue la gran sorpresa el escuchar de un banquero, no uno cualquiera, el utilizar la palabra codicia en público. Una palabra que todos entendemos, y que, sin ser un pecado capital como la avaricia, está muy lejos del lenguaje financiero habitual.
Por otro lado, en un mercado que es tan complejo de entender y más de hacer previsiones, me preguntaba si su comentario era un tema coyuntural o si tras estos meses las tornas han cambiado.
Solomon señaló que el capital está muy accesible, lo que anima a las empresas a realizar transacciones importantes y megaampliaciones. Recordó a las compañías que necesitan financiación que aprovechen los momentos de alta liquidez y apetito por el riesgo cuando están disponibles como es el caso.
Es difícil explicar qué lógica tiene el auge de la bolsa y los récords en índices como el Standard & Poor ́s 500 en un entorno con varias crisis simultáneas (geopolíticas, políticas, energéticas, deuda, inflación, etc.). El CEO de Goldman Sachs decía que se debe a un fuerte afán de lucro que ignora bastante las preocupaciones sobre la inflación o la inestabilidad geopolítica.
Efectivamente, pese a que todavía no está resuelto casi ninguno de los grandes conflictos geopolíticos en el mundo, el S&P 500 ha crecido los últimos 6 meses el 15%. Pero ¿cómo es posible con una inflación creciendo y por tanto los bancos centrales subiendo tipos de interés, con dudas sobre la disponibilidad a corto plazo de petróleo y gas y sus derivados y con tantas crisis políticas domésticas e internacionales?
Además, la deuda pública está aumentando en la mayoría de los países, pero el caso de Estados Unidos es paradigmático: 40 billones de dólares. Para hacernos una idea de lo que significa, un artículo de CNN lo explica así: es el doble de la deuda nacional de 2016, vale más que la fortuna conjunta de las 500 personas más ricas del mundo, más que el valor total de todo el oro extraído en la historia, más que siete Nvidia, mayor que la economía de Estados Unidos (aproximadamente el 123 %) y más que las siguientes cinco economías más grandes juntas. Con esta deuda y un interés del 3,75%, con perspectivas de crecer, de nuevo me pregunto, ¿cómo puede comportar así la bolsa?
Pues como muchos de ustedes saben, una parte muy importante es porque el valor del S&P 500 está distorsionado por las 7 Magníficas (Apple, Microsoft, Nvidia, Alphabet, Amazon, Meta y Tesla) que representan aproximadamente el 30% del índice S&P 500.
Están en una dinámica inversora brutal, aunque la conversión a ventas y beneficios proporcionalmente es más lenta. Los volúmenes de caja que están empezando a generar son muy importantes, pero insuficientes para financiar las grandes inversiones previstas. La OCDE calcula que la inversión acumulada de las grandes hyperscalers (Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle) entre 2026 y 2030 podría llegar a 4,1 billones de dólares. Por tanto, estas cinco empresas están emitiendo deuda cada vez más rápido y con mayor volumen. Entre 2020 y 2024 emitieron conjuntamente unos 35.000 millones de dólares anuales de deuda. En 2025 fueron unos 93.000 millones, y este año ya habían alcanzado aproximadamente 132.000 millones a finales de julio. Se ve claramente el crecimiento exponencial, pero con un coste de financiación que se está acercando al 6% en los plazos largos y con perspectivas de que se siga encareciendo.
En resumen, los inversores están jugando en dos tableros con partidas simultáneas. La del mercado de valores que creen, y no sólo Solomon, que hay un potencial importante de crecimiento de rentabilidad, pese a las altísimas inversiones los próximos 3-5 años. Y la otra partida está en el mercado de la renta fija, cuya retribución parece que va a seguir subiendo.
Es posible que como mencioné en un artículo previo, se produzca la profecía autocumplida y ambos mercados sean rentables a corto plazo.
Por otro lado, y lo dejaba para el final, el mismo CEO dijo en abril entre serio y en broma, que el riesgo de recesión en USA está a un tuit de distancia. Llama la atención que el mismo mercado que parece decir que no teme a una recesión está financiando una inversión gigantesca con deuda cada vez más cara.
No sé si David Solomon tiene razón cuando dice que estamos en un momento de más codicia que miedo. Lo que sé es que, cuando los mercados transmiten tanta confianza y las expectativas son tan elevadas, merece la pena mantener un cierto espíritu crítico. Especialmente si el dinero que está en juego es el nuestro.
Quizá la bolsa siga subiendo, quizá la inversión en inteligencia artificial genere los beneficios que hoy se descuentan y quizá la deuda pueda absorberse sin grandes sobresaltos. O quizá no.
Por eso, para invertir bien lo que tanto nos ha costado ahorrar, más que acertar el próximo movimiento del mercado, necesitamos entender los riesgos que estamos asumiendo y contar, si es necesario, con alguien capaz de explicárnoslos con objetividad y sencillez.
Porque cuando hay más codicia que miedo, quizá lo más sensato sea no perder la prudencia.
(1) Si no he contado mal, en la lista de 242 ponentes principales publicada en el The Economic Club of New York no hay un español y muy pocos europeos. Es otro indicador más de la relevancia que tiene nuestra opinión para las élites americanas, mientras que en Europa seguimos pensando que somos el ombligo del mundo.
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