El Comité Noruego honra a Navi Pillay y al Estado de derecho como pilar de la paz.
Artículo publicado en El Correo (14/10/2026)

El Comité Noruego del Nobel de la Paz anunció el viernes la concesión del premio de este año a Navi Pillay. Cuando se publicó la noticia, la jurista sudafricana de origen tamil se hallaba en la conferencia anual de abogados y jueces de derechos humanos en el Palacio de Justicia de Núremberg. Los 120 expertos en derecho internacional presentes en la reunión rompieron en aplausos.
Navi Pillay, doctorada por la Universidad de Harvard, fue jueza de la Corte Suprema de Sudáfrica, del Tribunal Penal para Ruanda –designada por Nelson Mandela– y de la Corte Penal Internacional. Su papel en el Tribunal para Ruanda fue determinante para establecer que la violación y la violencia sexual pueden constituir un crimen de lesa humanidad y un genocidio.
También fue Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, miembro de la Comisión Internacional de Investigación de la ONU sobre los Territorios Ocupados de Palestina, y actualmente es jueza ‘ad hoc’ en la Corte Internacional de Justicia en el caso de Gambia contra Myanmar, en el que se acusa a este último de haber cometido actos de genocidio contra la minoría rohingya.
Antes de estos cargos, la recuerdo en Naciones Unidas a finales de los 90. Fue la primera funcionaria de la organización que apeló al reconocimiento del derecho a la ayuda humanitaria de las víctimas de los conflictos armados, derecho que ha salvado a miles de víctimas en las últimas décadas.
El Comité había premiado a políticos, activistas, religiosos y líderes espirituales, médicos y personal sanitario, científicos e intelectuales y organizaciones como el Comité Internacional de la Cruz Roja o el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, pero hacía décadas que no se concedía el Nobel a un jurista internacional. Nunca a una mujer jurista. En 1904, en los primeros años del Premio, se otorgó al Institut de Droit International como colectivo y, posteriormente, a algunos juristas internacionales destacados. El último fue René Cassin, galardonado en 1968 por ser el ‘padre’ de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Mohamed ElBaradei fue premiado en 2005 y no obtuvo la distinción como jurista internacional sino por sus esfuerzos para evitar que la energía nuclear se emplee con fines militares.
El Comité Noruego anunció que reconocía los esfuerzos de Pillay precisamente por «promover la paz y el derecho internacional». Con este galardón, rinde homenaje al derecho internacional en un momento en que este y sus instituciones están siendo zaheridos. No solo eso. El año pasado, una Comisión de Naciones Unidas liderada por Pillay que investigó la guerra de Gaza declaró que Israel estaba cometiendo un genocidio contra la población palestina. Su conclusión sobre la conducta del Gobierno israelí fue demoledora. El Ejecutivo hebreo denunció el informe. El Comité Noruego incluyó una breve mención a su trabajo en esta investigación. Al ser preguntado al respecto tras el anuncio, su presidente, Jørgen Watne Frydnes, respondió que la labor de Pillay en aquella comisión fue una «parte importante del motivo por el cual recibió el premio».
En su declaración, el Comité expone que ha venido subrayando la importancia de resolver los conflictos a través del derecho internacional desde que se concedió el primer Nobel de la Paz hace 125 años. Gran parte del discurso lo dedica a explicar la función del derecho internacional, y no tanto a exponer la figura de Pillay. Destaca que el alcance del derecho internacional se amplió tras la Segunda Guerra Mundial, en particular con la creación de instituciones como la ONU. La idea fundamental era que una paz duradera debe cimentarse sobre principios jurídicos, no sobre la voluntad del más fuerte. En palabras del Comité, «en un momento de desafíos existenciales, el derecho internacional ya no es solo un complemento para la paz y la seguridad. Es una absoluta necesidad».
El Comité recuerda al mundo que el Estado de derecho –tanto nacional como internacional– sustenta el sistema que hemos erigido para garantizar la paz y resolver los conflictos de forma no violenta. El acta de concesión del Premio no solo honra a Pillay, sino al derecho internacional como proyecto. Estas son algunas de las palabras pronunciadas por el presidente: «La historia demuestra que un mundo que opera al margen del Estado de derecho es injusto, imprudente e inhumano. Los jueces –aquellos que custodian la delgada línea roja entre el orden y el caos– son plenamente merecedores de nuestro reconocimiento. Hoy, cuando estos mismos jueces son sancionados y sus instituciones son atacadas, necesitamos personas con valentía, visión y determinación, cualidades que Navi Pillay demuestra en su labor desde el estrado».
Todos recordamos el indigno espectáculo del año pasado. El legado de un liderazgo con principios no es simplemente el reconocimiento que recibe, sino los estándares que marca para que otros los mantengan. Navi Pillay no regalará el premio a Trump. Congratulations!
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