Artículo publicado en El Correo (23/10/2026)

El otro día comentaba con una persona que aprecio mucho, la pereza que nos da estar con quienes siempre tienen una opinión negativa sobre cualquier tema. No es que no tengan razón en muchos temas, pero lo que desgasta al de enfrente es que todo lo ven negro y lo critican de manera ácida. Como me dijo otro amigo, estas personas exigen un «alto coste de mantenimiento ACM». Pero… y ¿si tienen razón?
Me da un poco de reparo utilizar la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), barómetro de octubre por su fama de cocina excesiva de los datos en la parte política, pero quiero pensar en que la parte de la evaluación de los principales problemas percibidos por los españoles sea correcta.
Hay dos preguntas recurrentes en estos barómetros: «cuál es el principal problema que existe actualmente en España» (percepción general) y «cuál es el problema que a usted personalmente le afecta más» (percepción individual).
En octubre respecto a la primera pregunta, como no podía ser de otro modo, los 5 principales problemas son la vivienda (casi triplica su valoración respecto a los tres siguientes), la inmigración, la crisis económica, la calidad del empleo y el gobierno y partidos políticos. Estos 4 últimos con valoraciones no muy dispares.
Respecto a la segunda pregunta, las respuestas se diferencian en que la valoración de la vivienda como problema se reduce en un 40% respecto a la valoración general. La segunda preocupación son las consecuencias de la crisis económica, en tercer lugar aparece la sanidad de forma destacada, la cuarta es la calidad del empleo también y la quinta la inmigración.
En resumen, tenemos una preocupación muy alta por la vivienda en España, acelerada con el efecto del desalojo de Maricarmen y con unos precios desquiciados para el alquiler y compra de viviendas por parte de nuestros jóvenes y tantas personas necesitadas. Entiendo que ese efecto mediático y de movilizaciones es lo que provoca la mayor preocupación general respecto de la personal de la muestra utilizada.
Algo parecido ocurre con la inmigración y el efecto de lo que está ocurriendo en Ceuta. La opinión general es el doble que los que les afecta a los entrevistados personalmente.
Otro tema que llama la atención es que el problema «Gobierno y Partidos Políticos» pasa de ser el quinto problema de España a ser el decimocuarto cuando se trata de opinar en lo que incumbe al entrevistado personalmente. Es curioso, porque la encuesta mezcla en la lista de temas tanto causas como consecuencias sin ninguna estructura o relación.
Podríamos seguir por cada línea para observar las diferencias entre nuestra opinión sobre los problemas de España y los que nos conciernen individualmente.
Una parte importante de nuestra opinión sobre temas generales se forma a través de las lentes que los medios de comunicación y redes sociales utilizan y que filtramos a través de nuestros sesgos conformados por nuestra educación en valores y en la experiencia vital de cada uno. En una época en la que la independencia y la moderación es un bien escaso, parece evidente que la exageración y la mentira tiene un alto impacto en cómo la negatividad se instala cómodamente en la sociedad.
Daniel Kahneman, Premio de Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel en 2002 —un hecho llamativo, dado que era psicólogo y no economista— demostró que nuestras decisiones no son solo racionales: están condicionadas por diversos sesgos cognitivos. Entre ellos destaca el sesgo de negatividad, que nos lleva a exagerar los riesgos, imaginar escenarios más desfavorables de lo necesario y reaccionar de manera defensiva.
Esa actitud negativa afecta las decisiones y relaciones, porque amplifica las amenazas y reduce la capacidad de evaluar alternativas, distorsiona la interpretación de las acciones de otros (vemos intención hostil donde no la hay), reduce la empatía y aumenta la reactividad emocional, genera profecías autocumplidas (de las que ya escribimos en esta serie de artículos) ya que esperamos lo peor y actuamos de forma que lo provocamos y fomenta decisiones defensivas.
Seguro que tenemos muchas experiencias de encontrarnos con personas de este perfil. Asimismo, si nos mirásemos más en el espejo, encontraríamos que tampoco nuestra positividad es plena.
Recuerdo que en una época de mi vida de consultor tenía que gestionar proyectos complejos, con presupuesto ajustado y un equipo de profesionales brillante. A menudo me retaban con objeciones del tipo: no es posible conseguir los resultados en el plazo comprometido o no tengo experiencia ni conocimiento en el tema que me has encargado o no me veo promocionando o asumiendo tal responsabilidad, etc.
Me vino bien haber leído recientemente un libro titulado «Ilusiones» y que Richard Bach (el autor del famoso libro «Juan Salvador Gaviota») escribió hace 50 años.
Encontré una frase que me pareció fascinante: «Justifica tus limitaciones y ciertamente las tendrás». De acuerdo que es muy aspiracional, pero era muy potente. Se la puse a todos los consultores en sus mesas como un lema que les inspirara. Tras la experiencia, creo que funcionó. Antes de quejarse, incluso con razón, leían la dichosa frase y gestionaban sus propias expectativas.
Esa frase, o su versión parafraseada, la he utilizado muchas veces después cuando me he encontrado con personas que he debido gestionar y que exigen alto coste de relación por su negatividad. Con cierta perspectiva, pienso que nos hemos ayudado mutuamente y que, como siempre, cuando somos conscientes de nuestras áreas de mejora las podemos trabajar.
Ser conscientes de nuestra negatividad —y de la ajena— es el primer paso para reducir ese «alto coste de mantenimiento» que todos generamos alguna vez.
PD1. En el mismo libro hay otra frase genial para darle una vuelta: «no existe ningún problema que no te aporte un don. Busca los problemas porque necesitas sus dones».
PD 2. Sí. Estoy seguro de que para algunas personas yo también tengo ACM para ellas. Si eres algunas de ellas, dímelo por favor.
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