Ayer, 5 de noviembre de 2026, tuve la oportunidad de intervenir en el Congreso Internacional «Cooperative Enterprises for Shared Progress: Addressing Global Challenges Together», organizado en Valencia por la Alianza Cooperativa Internacional (ACI).

Mi participación se enmarcó en el panel de expertos «Media cooperatives: intercooperation and networking in the Digital Era», liderado por colegas de la Universidad de Deusto y con personal docente e investigador de Francia, Portugal e Italia.

Concretamente, el panel es el resultado del Proyecto de Investigación «Retos de los medios de comunicación periodísticos en el mundo digital: estatuto profesional del periodismo y cooperación en red como vía de sostenibilidad (RMCP Digitales)» (PID2023-148466NB-I00, Convocatoria 2023 de «Proyectos de Generación de Conocimiento»).

Comparto a continuación las reflexiones y tesis centrales que defendí en la sesión sobre la potencialidad transformadora del modelo cooperativo frente a las fracturas laborales y democráticas del ecosistema informativo actual, bajo el título «The Cooperative Model as a Proposal to Address the Challenges of Mass Media in the Digital Age (El modelo cooperativo como propuesta para hacer frente a los desafíos de los medios de comunicación de masas en la era digital)».

Así, conviene adelantar que la tesis principal se centra en el periodismo cooperativo como respuesta a la encrucijada digital: trabajo digno, independencia y bien común.

Recuperar la esencia: la persona periodista y el asedio del ecosistema informativo

Cualquier análisis riguroso de la crisis que atraviesan los medios de comunicación de masas en la era digital debe evitar extraviarse en el determinismo tecnológico o en la fascinación por las plataformas de difusión. El punto de partida ineludible radica en rescatar la dimensión humana y deontológica de la labor informativa: la propia definición del periodista.

En línea con la Resolución del Parlamento Europeo de 11 de julio de 2023 (2022/2057 (INI)), el periodista es aquella persona que observa, describe, documenta, investiga y analiza acontecimientos, declaraciones y políticas con el fin de contrastar los hechos e informar verazmente a la ciudadanía, ya sea en entornos analógicos o digitales. La función periodística no equivale a un mero tráfico o agregación de datos; constituye una función social vertebrada en torno a la búsqueda de la verdad. Por ello, solo aquellas organizaciones articuladas alrededor de profesionales de la información y de su compromiso deontológico merecen la consideración de verdaderos medios de comunicación.

En la actualidad, este pilar democrático sufre dos grandes perturbaciones estructurales:

(a) La «revolución de las fuentes», protagonizada por la desintermediación en plataformas digitales, la intoxicación algorítmica y la difusión descontrolada de desinformación.

(b) La degradación estructural del trabajo periodístico, reflejada en una profunda precariedad salarial, sobrecargas horarias desmesuradas, la proliferación fraudulenta de falsos autónomos y la subordinación a conglomerados financieros. Tal como advierten el Dictamen del Comité Económico y Social Europeo (C/2026/867) y el informe Media Pluralism Monitor 2025, un entorno laboral precarizado asfixia de raíz la independencia y la deontología profesional.

El nexo inescindible entre trabajo digno y libertad editorial

Frente a la contradicción insalvable de someter la información a la lógica de maximización del beneficio de grandes grupos mercantiles, el modelo cooperativo ofrece una alternativa societaria coherente con el pluralismo democrático y la economía política crítica de la comunicación.

Desde una perspectiva iuslaboralista, no existe independencia editorial sin condiciones de trabajo dignas y estables. La jurisprudencia y la normativa de la Unión Europea evidencian que la desregularización del tiempo de trabajo, los ingresos insuficientes y la desprotección social merman directamente el margen de autonomía deontológica del informador. Los principios de la ACI —gestión democrática, independencia, participación económica equitativa e interés por la comunidad— configuran el marco organizativo idóneo para salvaguardar la función periodística de las presiones mercantiles.

Resultados: qué aporta el cooperativismo a los medios de comunicación

El estudio desarrollado en el marco del proyecto RMCP Digitales constata dos impactos nucleares:

(a) Dignificación laboral y democratización interna: al suprimir la figura del accionista especulativo y anclar la propiedad bajo el principio societario de «un socio, un voto», las cooperativas mitigan la destrucción de puestos de trabajo durante los periodos de crisis. Habilitan la toma de decisiones estratégicas mediante asambleas horizontales, fijan escalas salariales transparentes y equitativas, y amortiguan la brecha de poder tradicional entre redactores y cúpulas directivas. Frente a las dinámicas de «uberización» que amenazan la profesión digital, la cooperativa rescata la estabilidad del empleo asociativo.

(b) Blindaje de la independencia y apuesta por el slow journalism: al no depender de paquetes accionariales bancarios ni de anunciantes condicionados, las redacciones cooperativas recuperan agendas habitualmente postergadas: investigación a fondo, derechos sociales, crisis ecosocial y memoria democrática. Asimismo, practican una rendición de cuentas integral mediante balances sociales y financieros públicos y abiertos.

En suma, el cooperativismo no es solo una variante técnica de organización de empresas: constituye una propuesta de democratización de la propiedad que protege la calidad informativa como salvaguarda de la salud democrática.

Debates estratégicos abiertos

Pese a sus virtudes, la consolidación del sector exige abordar tensiones prácticas de calado:

(a) Fórmula societaria idónea: conviven las cooperativas de trabajo asociado (controladas exclusivamente por los periodistas) y las cooperativas integrales o mixtas (como El Salto y La Marea en España, o Republik en Suiza), donde periodistas y comunidad lectora comparten capital y gobernanza. Este segundo modelo ensancha la base social y financiera, aunque requiere articular mecanismos rigurosos que preserven la autonomía técnica de la redacción frente a la masa societaria.

(b) Cooperativismo de plataforma y salud laboral: la digitalización aminora los costes fijos de entrada pero diluye el centro de trabajo físico, acarreando riesgos psicosociales como la hiperconectividad y el estrés digital. Es indispensable diseñar entornos virtuales de trabajo éticos para evitar que la flexibilidad cooperativa degenere en autoexplotación encubierta.

(c) Sostenibilidad económica híbrida: la viabilidad no puede depender de campañas esporádicas de micromecenazgo (crowdfunding). Demanda modelos estables sustentados en suscripciones periódicas de una comunidad consolidada, diversificación hacia servicios editoriales éticos y patrocinios sometidos a estrictos filtros deontológicos.

(d) La intercooperación como escudo frente a los monopolios digitales: ante la asimetría insalvable con las grandes plataformas tecnológicas, los medios cooperativos no pueden competir aislados. La respuesta radica en el sexto principio de la ACI: la intercooperación. Iniciativas articuladas en torno a lemas como «Entre medios cooperamos, no competimos», consorcios de investigación compartida y la construcción de bienes comunes periodísticos mediante software libre (como la plataforma T-AR) permiten ganar músculo operativo sin renunciar a la soberanía editorial.

Horizontes normativos y agenda investigadora

El fortalecimiento de este modelo reclama un compromiso público decidido. Es inaplazable el despliegue de marcos fiscales y políticas de fomento (reducciones del IVA, exenciones específicas y revisión de las ayudas de Estado para la economía social) que consagren formalmente a la información veraz como un bien común merecedor de protección prioritaria.

Asimismo, desde la investigación universitaria nos corresponde seguir profundizando en la sostenibilidad a largo plazo de estos proyectos y en el impacto de la inteligencia artificial en las redacciones cooperativas, asegurando modelos de gobernanza algorítmica con supervisión humana y respeto absoluto a la autoría y derechos de los periodistas.

La batalla por unas condiciones laborales justas para quienes informan es, en última instancia, la batalla por la supervivencia misma de una opinión pública libre.

Conclusión

El cooperativismo no constituye únicamente una fórmula alternativa de organización empresarial para los medios de comunicación. Representa una propuesta de democratización de la propiedad, de dignificación del trabajo periodístico y de protección de la independencia editorial. En un contexto en el que la calidad de la información condiciona la calidad de nuestras democracias, defender el periodismo cooperativo significa también defender el derecho de la ciudadanía a una información libre, plural y veraz.