Comienza un nuevo curso en la Facultad de Derecho de la Universidad de Deusto y el alumnado cuenta con el manual Bases para el estudio del Derecho del Trabajo.

El tiempo pasa rápido, casi sin darnos cuenta. Tal es así que ya van 12 ediciones de este manual.

La letra de una canción del cantante Janus Lester dice en euskera que el minuto no pierde segundo alguno y que el tiempo no pierde día alguno. Por eso, antes de que el tiempo se lleve consigo la oportunidad de actualizar el trabajo realizado años atrás, cada verano, aprovechando el descanso y los lugares mágicos de tranquilidad e inspiración, intento preparar una nueva edición con un único ánimo: ofrecer al estudiantado una herramienta para acercarse al Derecho laboral, comprender y aprender sus instituciones esenciales y avanzar en el discernimiento de su correcta aplicación.

Ahora bien, vivimos en una sociedad altamente tensionada, individualista y dada a la distracción por los avances tecnológicos. Una sociedad con falta de referentes morales, más atenta al número de seguidores y comentarios recibidos en las redes sociales y, muchas veces, fácilmente influenciable por terceros sin llegar a cuestionar lo que estos dicen. En fin, nos encontramos sometidos a la tiranía de la inmediatez y a la idea de que se tiene derecho a todo solamente por respirar, hasta a aprobar por el mero hecho de estar matriculado.

Por todo ello, no son buenos tiempos para los amantes de la disciplina, el esfuerzo y la pasión por el trabajo y la entrega respecto a aquello en lo que se cree y se quiere. Tampoco son buenos tiempos para la lectura y la reflexión pausadas ni para el trabajo en equipo. Pese a ello, nos resistimos a pervertir la Universidad, a convertirla en un mero envoltorio de color de rosa en el que todo vale.

Hay que acompañar a los y las estudiantes, pero centrando dicho acompañamiento en el aprendizaje —en nuestro caso, del Derecho laboral— y en el acercamiento a la realidad con la que se encontrarán cuando terminen sus estudios. Ciertamente, la complejidad que está adquiriendo cada una de las instituciones del Derecho laboral exige contar con estudiantes apasionados, rigurosos y exigentes.

Las propias Universidades deben percatarse de que la labor del profesorado es ese acompañamiento, lejos de ser la de un sujeto que debe sortear cada vez más obstáculos. Para ello, debe disponer de tiempo para poner en práctica y desarrollar su conocimiento y su imaginación. Ese es el valor que se nos presupone a los profesores, ¿verdad?

Desde este convencimiento, la conclusión no puede ser otra que alertar sobre la imposibilidad de transformar el mundo si no es desde estas coordenadas de profesorado y estudiantado que aquí se postulan. Y mucho menos si existe la tentación de someterse a una lógica mercantilizante, sometida a los intereses de los poderosos de este mundo, hasta el punto de tener que entender la Universidad cada vez más como algo rígido, moldeado a esa lógica del poder: tanto en las materias a impartir y en la forma de impartirlas, como en las cuestiones a investigar, e incluso en los criterios a considerar en la elección del profesorado y en su promoción…

Afortunadamente, todavía quedan espacios para defender esa Universidad que sí está dispuesta a transformar el mundo. Por ello, Bases para el estudio del Derecho del Trabajo, un año más, quiere aportar a ese espacio, con la ilusión renovada de un nuevo curso.

La verdad es que las reformas o modificaciones en nuestra área de conocimiento durante el último año no han sido muchas, pero sí lo suficientemente ilustrativas como para demostrar la complejidad antes aludida de nuestras instituciones jurídicas. Así ha sucedido con el desarrollo del régimen de los contratos formativos, con la jubilación anticipada del personal laboral de las Administraciones públicas, o con la nueva relación laboral especial de las personas artistas que desarrollan su actividad en las artes escénicas, audiovisuales y musicales, así como de las personas que realizan actividades técnicas o auxiliares necesarias para el desarrollo de dicha actividad.

Otro tanto puede decirse de la evolución de la jurisprudencia, que cada vez debe elaborar arquitecturas jurídicas más complejas, a imagen y semejanza de una sociedad que se está complicando de tal manera que está a punto de conducirnos al colapso social, variante moderna de la cuestión social de antaño.

Para quienes deseen profundizar en estos contenidos y acompañarnos en este nuevo curso, se puede consultar el resumen y el índice de este manual aquí.