Artículo publicado en El Economista (06/11/2025)

Ha fracasado la OPA de BBVA al Sabadell. Pese a ser, a juicio de muchos analistas, una buena operación, parece que las injerencias ajenas a lo mercantil la han hecho imposible.
Durante su larga duración, en Euskadi se ha hablado de la «vasquidad» del banco, con declaraciones de responsables públicos sobre el tema. El Banco, hoy multinacional, tiene su sede en Bilbao, en la misma dirección donde fue fundado en 1857 (Banco de Bilbao).
En 1988 la fusión con el Vizcaya dio origen al BBV, y en 1999 se unió con Argentaria. A lo largo de su historia, resistió períodos muy críticos, como la tercera guerra carlista o la guerra civil, aportando una importante contribución a la economía, siendo impulsor de numerosos proyectos industriales, que supusieron una enorme creación de valor y bienestar.
Recordemos los de siderurgia, navieras, astilleros, eléctricas, así como los de empresas en el ámbito de las infraestructuras y el transporte. Una parte de la economía vasca actual depende aún de esas iniciativas, impulsadas por el Banco en el siglo pasado. Su contribución es también importante en el campo de la educación, la ciencia y la cultura en el País Vasco.
Pero, lamentablemente, y pese a haber soportado varias guerras, no pudo resistir la larga e intensa agresión de ETA. Los terroristas habían puesto en la diana al Banco y sus dirigentes desde los años 60. Ya les habían amenazado de forma directa, pero en 1977 dieron un salto dramático y secuestraron y asesinaron al consejero del Banco de Vizcaya, Javier de Ybarra.
ETA continuó con su acoso y en 1982, secuestró a José Lipperheide, que consiguió ser liberado. En febrero del año siguiente, el terror intensificó su daño explotando una bomba en las oficinas centrales del Vizcaya, en la Gran Vía de Bilbao, que acabó con la vida de tres empleados, Benicio Alonso, Ramón Iturriondo y Aníbal Izquierdo. La bomba, además de varios heridos más, causó importantes daños materiales, y explotó en la planta inferior, la del Consejo de Administración.
Ese mismo año, después del verano, el Banco decidió el inicio del traslado de parte de sus oficinas centrales a Madrid. Comenzaba la pérdida de sus centros de decisión en Euskadi. El Bilbao, que no había sufrido ataques tan directos, a la vista de la situación, decidió también ubicar allí alguno de sus departamentos. Hasta esos años, los dos bancos habían mantenido en Bilbao sus oficinas centrales con unos 2.800 empleados.
Durante los años posteriores, las amenazas y extorsiones siguieron siendo intensas. Eran los «años de plomo», que fueron realimentados, años más tarde, con la estrategia «Oldartzen» que impulsó la izquierda radical abertzale, y que consiguió acentuar aún más el daño terrorista.
A lo largo de todo ese tiempo, fueron más de un centenar los consejeros y directivos amenazados de forma directa (en ocasiones sus familiares también). Sus oficinas seguían sufriendo el daño de las bombas. La dirección del Banco trató de minimizar el dolor y miedo que se estaba causando con un equipo de escoltas y vigilancia que superó el centenar de personas. Tenemos que recordar en este punto a los compañeros asesinados y amenazados; y agradecer a los equipos de seguridad que, con riesgo de su propia vida, cuidaban de esas personas y sus familias.
Cuando Francisco González llegó a la presidencia de BBVA en el año 2000, el banco mantenía aún en Bilbao una parte pequeña de sus oficinas centrales, y celebraba también en ellas alguno de sus consejos de administración. Pero, lamentablemente, la actividad terrorista no había cesado, y sus directivos seguían siendo amenazados de forma muy directa. El nuevo Presidente, en varias juntas, y en alguna de sus intervenciones, se refirió a los daños que seguía produciendo el terrorismo en Euskadi y las dificultades que eso suponía para la gestión.
Durante su mandato, eso se plasmó en el traslado a Madrid de la casi totalidad del resto de las oficinas centrales, antes de que ETA anunciara el fin de sus actividades en 2011.
El caso de BBVA es un ejemplo del enorme daño causado por el terrorismo en la economía vasca, que lamentablemente sigue vigente, y que desplazó fuera de Euskadi muchos centros de decisión y miles de empleos. Hoy necesitamos trabajar por su recuperación, al menos en parte. Para ello se requiere liderazgo institucional, el trabajo de todos y la creación de las condiciones necesarias para hacerlo posible.
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