No hay que defender el euskera ‘frente’ al castellano, sería su sentencia de muerte, sino ‘con’ el castellano.
Artículo publicado en El Correo (31/03/2026)

He seguido la Korrika en EITB, en particular el final del domingo en Bilbao. Emocionante, de entrada. Impresionaba contemplar a tanta gente de todas las edades manifestando su amor al euskera, y más aún, a Euskal Herria, el pueblo de los vascos. Es impresionante, lo repito, tal manifestación de amor hacia una causa, el euskera, el idioma original y ancestral de los vascos. Todo lo que se haga por su defensa será poco.
Cómo recuerdo a Jesús Altuna cuando afirmó que el euskera es el único testimonio viviente de la prehistoria europea; luego su defensa es, me atrevo a decir, más importante que la defensa y cuidado de cualquier otro vestigio de tiempos pasados. Para que se me entienda bien lo que quiero señalar: la defensa del euskera es más importante que la preservación de ‘La Gioconda’ y que el Acueducto de Segovia, pues estos últimos son recuerdos inertes, mientras que el euskera es algo vivo y, como tal, en continua adaptación e incluso transformación.
El euskera, además de ser uno, único por su origen, es múltiple en su implantación. El euskera batua es un esfuerzo por lograr un idioma para “todos” los euskaltzales, pero el idioma vasco es también diverso, como ejemplo y manifestación de la pluralidad de los vascos que, para empezar, vivimos en dos Estados distintos, con muga incluida, aunque últimamente una muga ‘light’, nada comparable a la de hace años, cuando la muga era un problema. Y no solamente para los vascos.
Sin embargo, el euskera no es un símbolo para todos los vascos. No solamente con la misma intensidad sino tampoco como mero símbolo. Algunos vascos —creo que no muchos— lo rechazan, porque no lo dominan. Y aquí nos enfrentamos con un tema de fondo. Me explico.
Un castellano que no sienta particular interés por el Acueducto de Segovia, o un francés por ‘La Gioconda’, puede seguir haciendo su vida de siempre sin problema alguno. Basta con que no manifieste su opinión fuera de un círculo familiar o de amistad estrecha. No sucede lo mismo para un vasco, particularmente si reside en una localidad donde el euskera sea mayoritario. Pienso, por ejemplo, en Segura, Zegama, Mutiloa o Zerain, por mencionar localidades de mis abuelos maternos y de mi infancia y primera adolescencia, lugares donde el euskera es más que mayoritario. Allí, especialmente en Segura, aprendí mi euskera, aunque luego lo perdí en parte.
La Korrika es un canto al euskera y a Euskal Herria, hasta el punto de que ambos, euskera y Euskal Herria, conforman una misma unidad, sobre todo cuando se dice que el euskera es el idioma de los vascos, de Euskal Herria. Pero no puede decirse lo mismo si se afirma que “el” idioma de Euskal Herria es el euskera. Pues no lo es, ni siquiera mayoritariamente, ya que son más los vascos que dominan el castellano que el euskera. Es un hecho incuestionable.
Pero lo anterior no quiere decir —al menos para mí— que la Korrika deba ser bilingüe. Menos aún que deba mantener, en su desarrollo, la distribución del conocimiento del castellano y el euskera en la población vasca. Pero sí creo que el castellano debe tener su presencia en la Korrika. No solamente en los medios de comunicación social cuando dan cuenta de la Korrika —prácticamente inevitable, por otra parte—. Quiero decir que, en la propia organización de la Korrika, el castellano tenga su presencia.
¿Cómo? Es difícil de precisar, pero valgan estas breves ideas. Hay que anotar que, dada la situación lingüística en Euskal Herria, de predominancia del castellano y la situación minorizada del euskera, se precisan acciones, como la Korrika, en su favor. Pero el euskera no puede proyectarse sin tener en cuenta precisamente su situación minorizada y que, salvo en pocos lugares, y no precisamente de muchos habitantes, convive con el castellano.
Con esto quiero decir que no hay que defender el euskera “frente” al castellano —sería su sentencia de muerte—, sino “con” el castellano. Sería conveniente que entre los portadores de la antorcha de la Korrika hubiera castellanohablantes, no bilingües, y que se expresaran en castellano. No para manifestar —necesariamente— que desean aprender euskera, sino para reflejar que el castellano es también un idioma de los vascos y que, en una manifestación proeuskera, el castellano y los castellanohablantes tienen también su espacio en la Korrika. Simplemente por vascos. Lo que no quiere decir que solamente los vascos tienen espacio en la Korrika.
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