Artículo publicado en El Correo (08/09/2026)

El Príncipe de Maquiavelo – La Esquiva Fortuna (2 de 2)
Guillermo Dorronsoro
08/09/2026 a las 12:27h.
En algunos momentos de la Historia, los cambios se aceleran. El Renacimiento fue una de ellas. Se alteraban los mapas, las formas de hacer la guerra, la circulación de las ideas, los equilibrios políticos y, poco después, también la unidad religiosa de Europa. El mundo medieval comenzaba a dejar de ser reconocible, pero todavía no había emergido un nuevo orden.
Maquiavelo vivió en medio de aquellas sacudidas. Y en el capítulo XXV de El Príncipe, dedicado a la Fortuna, escribió unas palabras que conservan una sorprendente actualidad: «Esta opinión no está acreditada en nuestro tiempo, a causa de las grandes mudanzas que, fuera de toda conjetura humana, se vieron y se ven cada día».
Cinco siglos después, cuesta no reconocerse en esa frase. También nosotros vivimos rodeados de grandes mudanzas: tecnológicas, geopolíticas, demográficas, climáticas, económicas. Cambios que se encadenan y se aceleran. Cambios que nos afectan y escapa a nuestro control (y lo que es peor a nuestra capacidad de entendimiento). Boecio lo describía como «la rueda de la Fortuna»: a veces te favorece y otras te perjudica, pero no puedes controlarla ni entenderla…
La pregunta de Maquiavelo era entonces la misma que vuelve a plantearse hoy: cuando tantas cosas escapan a nuestro control, ¿queda todavía espacio para decidir nuestro futuro o no nos queda más remedio que dejarnos gobernar por la Fortuna?
Maquiavelo no responde a esa pregunta con optimismo ingenuo. Reconoce que una parte de nuestra vida está sometida a fuerzas que no controlamos. La Fortuna existe. Maquiavelo utiliza un símil para describir sus efectos que el cambio climático está poniendo de triste actualidad: un río embravecido que «inunda las llanuras, echa a tierra los árboles y edificios» y ante el que todos terminan cediendo.
Pero añade inmediatamente algo más importante: podemos oponer alguna forma de resistencia, pero es preciso construir los diques antes de que llegue la inundación.
No podemos evitar las crisis, ni prever todos los acontecimientos, ni reducir la incertidumbre a una hoja de cálculo. Pero sí podemos prepararnos mejor para cuando lleguen. Podemos construir instituciones más resilientes, empresas más adaptables, equipos capaces de reaccionar y, también, educar a las personas a ser menos frágiles ante lo inesperado. Nadie es capaz de adivinar el futuro, pero sí es posible prepararnos mejor para navegar varios futuros posibles.
Y aún va un paso más allá. Para Maquiavelo no existe una única manera correcta de actuar. Unos triunfan con prudencia y otros con audacia; unos con paciencia y otros con impetuosidad. El problema aparece cuando cambian las circunstancias y nosotros seguimos comportándonos como antes. «Si la fortuna varía, y los príncipes permanecen obstinados en su modo natural de obrar», escribe, terminarán fracasando cuando su conducta deje de estar de acuerdo con los tiempos. ¿Os suena el consejo del artículo anterior, sobre saber ser león o zorro, según las circunstancias?
Quizá esta sea la parte más actual de todo el capítulo. No basta con haber acertado ayer. A veces precisamente el éxito pasado nos hace más difícil cambiar. Las personas, las organizaciones y los países tendemos a perseverar en aquellas fórmulas que alguna vez nos dieron resultado, incluso cuando el mundo para el que fueron diseñadas está desapareciendo delante de nuestros ojos…
Cinco siglos después seguimos sin saber cuánto de lo que nos sucede depende de nosotros y cuánto de la Fortuna. Pero Maquiavelo se niega a convertir esa incertidumbre en una excusa para la resignación. No podemos gobernar el río. Pero sí podemos levantar diques, aprender a leer los tiempos y cambiar nuestra manera de actuar cuando cambien las circunstancias.
Sin duda la Fortuna seguirá gobernando una parte de nuestras vidas. La otra sigue siendo responsabilidad nuestra.
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