
La primera herramienta para liderar cualquier transformación consiste en conocerse a uno mismo
Artículo publicado en Empresa XXI (01/09/26)
Como sin duda habréis deducido ya, mi nuevo viaje me condujo a la Florencia de Petrarca, Giotto o Boccaccio. La ciudad respiraba una extraña mezcla de belleza y esperanza. Pintores, arquitectos, comerciantes, banqueros y filósofos parecían convencidos de que el ser humano podía reinventarse. Europa comenzaba a despertar de una larga noche y buscaba una nueva manera de comprender el mundo… y de comprenderse a sí misma.
Allí me esperaba Dante Alighieri. No el poeta solemne de los retratos, sino un hombre marcado por años de exilio y por un amor perdido que nunca dejó de acompañarle. Transformó ese dolor en una de las mayores obras literarias de la historia, y en una de las referencias imprescindibles para entender el Renacimiento. La Divina Comedia no era solo un viaje por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Era, sobre todo, el viaje de un hombre que intentaba comprender quién era realmente.
«Crees que has venido para aprender a cambiar las cosas que te rodean» sonrió Dante. «Pero nadie puede cambiar el mundo sin haber recorrido antes su propia selva oscura».
«Con frecuencia hablamos del cambio como si fuera un problema técnico. Diseñamos planes, estrategias, proyectos… Y, sin embargo, el verdadero campo de batalla siempre está en otro lugar: dentro de cada persona. Porque no todos reaccionamos igual ante la incertidumbre, las amenazas o las oportunidades.
Hay quienes necesitan explorar. Otros necesitan seguridad. Algunos encuentran energía en lo desconocido; otros sienten vértigo simplemente al abandonar aquello que dominan. Ninguna forma de reaccionar es mejor que otra. Simplemente somos muy diferentes. Y esa diferencia explica por qué tantos procesos de transformación fracasan.»
Hermes seguía con la mirada perdida en el mar. «Entendí entonces que la primera herramienta para liderar cualquier transformación consiste en conocerse a uno mismo… y también en entender y aceptar que los demás nunca vivirán ese mismo proceso exactamente igual que nosotros.
Solo quien entiende sus propios miedos, sus inercias y su manera de afrontar la incertidumbre empieza a desarrollar la capacidad de comprender las de los demás. El autoconocimiento es la primera herramienta de quien quiera liderar a otras personas.»
Sherlock le interrumpió «Tu amigo argentino, Borges, estaría feliz de que hayas llegado a esta etapa del viaje. Consideraba La Divina Comedia el mayor regalo que podía ofrecernos la literatura. Tal vez porque comprendió que no es un libro que se lee una sola vez. Es un libro al que regresamos, y cada regreso nos encuentra convertidos en otra persona.»
«El libro no cambia. Cambia quien lo lee…» dijo Hermes.
Irene sonrió: «¿Recuerdas tu primer viaje a Delfos? Hace veinticinco siglos alguien también hizo grabar unas palabras en aquel templo de Apolo. Nadie recuerda con certeza quién las escribió. No importa demasiado. Lo importante es que un ateniense llamado Sócrates decidió convertirlas en el punto de partida de toda una forma de vivir.
Sherlock pronunció lentamente las palabras, primero en griego y después en latín. «Γνῶθι σεαυτόν. Nosce te ipsum. Conócete a ti mismo.»
Irene miró a su misteriosa invitada, y pronunció por primera vez su nombre «¿En qué piensas, Ariadna?». Hermes y Sherlock intercambiaron una mirada fugaz, por fin habían descubierto su nombre.
La joven sonrió, como si hubiera advertido su desconcierto. «Estaba recordando. Cuando Neo visita al Oráculo en Matrix, ella le señala precisamente esa frase escrita en la pared. Neo estaba destinado a cambiar para siempre la ecuación entre la Humanidad y las máquinas, y cuando le pide al Oráculo que le explique cómo hacerlo, me parece curioso que ella le dé esta misma pista».
Hermes asintió y concluyó el relato de su viaje a Florencia, que como siempre dejaba la pista para su siguiente destino. «Antes de despedirnos, Dante me entregó un pequeño pergamino.
‘Tu siguiente maestro tampoco escribirá tratados de gestión. Escribirá obras que se seguirán representando siglos después de su muerte, porque entendió mejor que nadie que los seres humanos rara vez cambian por razones. Cambian porque algo se rompe, o porque algo despierta, en su corazón. Cuando escuches pronunciar las palabras «Ser o no ser» en un escenario, sabrás que has llegado a tu siguiente destino’.
Sherlock sonrió: «Volvemos a Londres, entonces…
gdorronsoro@zabala.es
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