Desde 2011 hemos trabajado en el reencuentro, ahora corresponde a la sociedad unida encender los motores del crecimiento.
Artículo publicado en El Correo (17/10/2026)

Se cumplen quince años desde que ETA declaró el cese definitivo de su actividad armada. Algunos esperaban entonces que llegara una etapa de expansión para el País Vasco. Tras las tristes décadas vividas, que habían supuesto una pérdida muy importante (humana y económica), la teoría del ‘dividendo de la paz’ podía predecir una mejora. En el nuevo escenario, además de sanar las heridas pasadas, la economía vasca debía atraer inversiones, liderar la creación de empleo y recuperar el terreno perdido.
Sin embargo, la realidad ha supuesto una trayectoria más compleja: el ‘dividendo’ no ha aparecido como un automatismo, y Euskadi hoy se enfrenta a importantes desafíos estructurales, que siguen erosionando su situación en el mapa económico. Algunos datos: desde 2011 la inversión ha crecido solo el 5,1%, frente al 38,5% de la media estatal, y nuestro PIB relativo ha vuelto a caer un 5% frente a la media. Adicionalmente, seguimos en las últimas posiciones en emprendimiento empresarial. Según el último dato del informe GEM (2025), somos antepenúltimos del Estado con un índice del 6,8%, muy lejos de Europa (16,6%) y de EE UU (23%). Hay que recordar también que, como señala un reciente estudio de la Fundación Artizarra, tenemos una importante ‘diáspora’ de 72.600 jóvenes vascos, de los que una mayoría contempla volver, pero no encuentra oportunidades de desarrollo profesional. En este punto hay que recordar que nuestras tasas de creación de empleo privado se encuentran entre las más bajas.
La investigación económica sobre conflictos, realizada por el FMI, Banco Mundial y varias universidades (Enders, Sandler, Collier, Tavares, Boto-García, entre otros) converge en un punto crucial que aplica al caso vasco: el cese de la violencia elimina el ‘freno’, pero no crea el ‘motor’.
La economía experimenta la ilusión del fin de la violencia, pero entra en una etapa de atonía, que puede hacer permanente el daño causado.
En enero del año pasado, desde la Universidad de Deusto publicamos en la Revista ‘RIET Journal’ el estudio ‘El impacto económico del terrorismo: un análisis del caso vasco’. En ese trabajo ya alertábamos sobre la capacidad de recuperación de nuestra economía. En la investigación se evidenciaba que, aunque el Concierto Económico protegió e impulsó el colchón institucional público, no pudo evitar el deterioro del tejido productivo privado, una ‘cicatriz estructural’ que hoy sigue lastrando la atracción de inversión y la creación de empleo.
Cambiar estas inercias no es imposible, pero exige superar la complacencia. La paz es la condición previa y fundamental, pero el ‘dividendo’ se construye de forma activa. Euskadi no está abocada al estancamiento: posee las herramientas, capacidades y solvencia necesarias para escribir un nuevo capítulo de prosperidad si se articula un ‘acuerdo integral de recuperación y transformación’ apoyado en una alianza transversal.
Para que este plan sea efectivo, requiere la implicación activa de todos los estamentos de la sociedad: instituciones públicas, empresas, empresarios, sindicatos, trabajadores, universidades y otros.
El liderazgo corresponde a las primeras, con una visión estratégica que trascienda los ciclos electorales. Las empresas deben aportar compromiso en la reconversión tecnológica, arriesgar en I+D+i y abrirse a alianzas para ganar escala en los sectores del futuro. Las universidades deben alinear la formación con las demandas reales del mercado global, y tratar de convertir una mayor parte de la investigación académica en patentes y emprendimiento.
Sindicatos, empresarios y otros agentes sociales tienen que impulsar la cohesión de las personas y el diálogo abierto para garantizar un crecimiento inclusivo, donde la creación de empleo y mejora de futuro sean prioridades compartidas.
Ortega y Gasset, en su texto ‘Epílogo para ingleses’ (1930) decía que «toda realidad ignorada prepara su venganza», advirtiendo de que no se puede gobernar de espaldas a los hechos reales. Si decides ignorar la economía, o el descontento social, para que encajen a la fuerza en tu ideología, la realidad no va a desaparecer; simplemente acumulará presión hasta que termine destruyendo tu modelo. En nuestro caso eso podría ser el ‘colapso’ del Concierto Económico.
El País Vasco mantiene atributos extraordinarios: alta cualificación (universidad y formación profesional), estándares de vida situados entre los mejores de Europa, una tradición industrial sólida y un nivel de autogobierno único.
Desde 2011, con el esfuerzo de muchos, hemos trabajado en el reencuentro; ahora corresponde a la sociedad unida encender los motores del crecimiento. Con liderazgo institucional, un diagnóstico certero, alianzas transversales y determinación, Euskadi tiene en sus manos la oportunidad de garantizar su bienestar futuro.
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