En las 煤ltimas d茅cadas, las ciudades han hecho un extraordinario esfuerzo por innovar tecnol贸gicamente y convertirse en ciudades inteligentes (Smart cities). Con tal fin, han asumido inversiones elevadas en infraestructuras y servicios inteligentes.

Pero, con el paso del tiempo, vamos observando que no todas las soluciones urbanas inteligentes implantadas generan retornos o impactos deseados. Ello se ha debido, por un lado, a una vinculaci贸n inadecuada de la iniciativa Smart con un reto y necesidad expl铆cita de la ciudad. Por otro, la iniciativa ha respondido m谩s a intereses ex贸genos (empresariales o institucionales supramunicipales) que a los propios de la ciudad en la que se aplican. O por otro, el no retorno se ha debido a la no apropiaci贸n y uso posterior de las soluciones implantadas por parte de la ciudadan铆a.

En los procesos de implantaci贸n tecnol贸gica se perciben  algunos aspectos a tener en cuenta, tales como: la preocupaci贸n por la r谩pida obsolescencia de la tecnolog铆a implementada; la incertidumbre y la desconfianza ante los cambios acelerados; las estrategias centradas en ciudades de mayor tama帽o y con productos-servicios de plazo largo de implementaci贸n, que chocan con los mandatos a cuatro a帽os de los ayuntamientos; la dificultad de los ayuntamientos para fijar la estrategia y, cuando la tienen, el condicionamiento generado por convocatorias de financiaci贸n externa que determinan enfoque y contenido; la existencia de un n煤mero significativo de proyectos hechos para aprovechar financiaci贸n e inversi贸n puntual al alcance, pero que luego no se han podido desplegar, optimizar y aprovechar plenamente; las dificultades legales y operativas para compartir datos en la puesta en valor con otras instituciones, empresas y entidades sociales; la no existencia de un marco de encuentro y colaboraci贸n adecuado entre ayuntamientos, empresas y entidades sociales m谩s all谩 de la compraventa de productos y servicios; las dificultades de gobernanza interna para incorporar 谩reas municipales m谩s alejadas del proceso Smart; o los problemas entre plataformas distintas y desarrollos de aplicaciones diversos seg煤n instituciones.

Sin embargo, se cuenta con: el inter茅s pol铆tico por poner la innovaci贸n tecnol贸gica en la base del desarrollo; la capacidad de los responsables t茅cnicos de los procesos de implementaci贸n tecnol贸gica; la capacidad tecnol贸gica instalada en las empresas para hacer frente a los retos que se puedan identificar y, si no existiera el recurso, el inter茅s por el desarrollo de la I+D+i; la capacidad en la red de centros tecnol贸gicos y universidades para afrontar retos con la capacidad instalada o con la investigaci贸n en nuevas soluciones; y el inter茅s de entidades sociales y ciudadan铆a por participar en los procesos.

A pesar de todo, el principal problema no radica en la propia innovaci贸n tecnol贸gica sino en el para qu茅: en la correcta identificaci贸n de los retos susceptibles de encontrar soluci贸n o apoyo tecnol贸gico. En la actualidad, desde diversos agentes, se sugiere la necesidad de evolucionar hacia un modelo de ciudades sabias (Wise cities), en las que el desarrollo tecnol贸gico se ponga al servicio del reto fundamental: el desarrollo urbano sostenible, tal y como se recoge en documentos tales como: Objetivos para el Desarrollo Sostenible, Agenda 2030 o Nueva Agenda Urbana.  

El reto se sit煤a en la generaci贸n de ecosistemas urbanos de innovaci贸n transformadora de base tecnol贸gica, que potencien las sinergias entre los diferentes 谩mbitos de desarrollo e innovaci贸n (ecol贸gica, econ贸mica, social y cultural) y los distintos sectores y agentes implicados (instituciones, empresas, entidades sociales y ciudadan铆a). La puesta en marcha de iniciativas de base tecnol贸gica que afecten no s贸lo a servicios urbanos concretos sino al conjunto del desarrollo ecol贸gico,  econ贸mico, social y cultural de la ciudad, con una gobernanza integral e integrada de las diferentes 谩reas municipales.

Las instituciones p煤blicas deben velar por el bien com煤n,  condicionando la implantaci贸n de propuestas tecnol贸gicasa la demostraci贸n efectiva de las mejoras que conllevan en el bienestar y calidad de vida de la ciudadan铆a. Cada ciudad necesita desarrollar un modelo propio de c贸mo quiere verse en el presente y en el futuro. Esta reflexi贸n debe preceder al desarrollo de una implementaci贸n tecnol贸gica. Dichas soluciones tecnol贸gicas han de adaptarse al modelo de ciudad que se persigue, en lugar de adaptar el modelo para encajar las soluciones que se ofrecen. La implementaci贸n de la tecnolog铆a debe ser gradual, acorde a las necesidades y posibilidades de cada ciudad, con encaje e integraci贸n arm贸nica con el resto del territorio (en sus entornos urbano, rural y natural). Las iniciativas y propuestas proceder谩n de la participaci贸n activa de las instituciones, empresas, entidades sociales y ciudadan铆a, en espacios de encuentro, di谩logo y b煤squeda de m铆nimos comunes denominadores.

No se trata s贸lo de introducir tecnolog铆a en la ciudad, se trata de vincularla al desarrollo urbano sostenible, al bienestar y bienser de la ciudadan铆a, como fin 煤ltimo. La persona debe estar presente en el centro de las estrategias de las ciudades sabias, pero no s贸lo como usuaria y consumidora sino tambi茅n como agente activo de la transformaci贸n.

Una ciudad inteligente (Smart city) es aquella que innova tecnol贸gicamente. Una ciudad de inteligencia colectiva (City 4.0) es aquella que gobierna transectorial y transversalmente la innovaci贸n tecnol贸gica. Una ciudad sabia (Wise city) es aquella que sabe d贸nde quiere ir 鈥揹esarrollo urbano sostenible- y emplea la innovaci贸n tecnol贸gica para lograrlo.

Publicado en el peri贸dico El Correo. 3-6-19