21 de abril. Martes de la III semana de Pascua
Vivimos en una cultura que mide el valor de las personas por lo que producen, logran o demuestran ante los demás. Las redes sociales se han convertido en escaparates donde exhibimos nuestras obras como credenciales de existencia. La pregunta «¿qué has hecho tú?» resuena con una exigencia que a veces agota.
La multitud del Evangelio le lanza a Jesús esa misma pregunta cargada de desafío y expectativa. Él no responde con una lista de logros ni con un espectáculo de poder, sino señalando al Padre como fuente de todo bien verdadero. La obra que importa no es la que impresiona, sino la que da vida y alimenta desde dentro.
Hoy podríamos preguntarnos desde dónde actuamos y para qué lo hacemos realmente. Preguntémonos si nuestras obras nacen del afán de reconocimiento o del deseo genuino de aportar algo bueno al mundo. Feliz martes.
