4 de enero. Domingo II después de Navidad
Estos días volvemos a comprobar lo rápido que se enciende el tablero internacional.
La intervención de ayer de Estados Unidos en Venezuela nos deja con una sensación de fragilidad y de inquietud. Por eso importa tanto la palabra que elegimos, porque puede abrir caminos de paz o agrandar la herida.
El Evangelio presenta la Palabra en el origen de todo, como vida que sostiene y como luz que orienta. Esa luz entra en el mundo, aunque a veces no sea reconocida ni recibida. Y cuando la Palabra se hace carne, la verdad deja de ser un eslogan y se vuelve cercanía, gracia y humanidad.
Si queremos un futuro habitable, cuidemos las palabras,el modo de hablar y de escucharnos, también en los momentos tensos. Necesitamos construir un lenguaje de paz en vez de guerra. Hagamos sitio a palabras que no humillen, que no simplifiquen al otro, que no alimenten el miedo. Feliz domingo.









