17 de febrero. Martes de la VI semana del tiempo ordinario.
Vivimos rodeados de estímulos, pantallas y urgencias que nos reclaman a cada instante. La información se multiplica, pero la atención se fragmenta y el corazón se nos vuelve pesado.
Sin darnos cuenta, podemos acostumbrarnos a una forma de vida que nos desconecta de lo real y de lo importante.
En la barca, los discípulos se inquietan porque apenas llevan pan y discuten entre ellos. Se les recuerda lo que ya han vivido y las sobras que recogieron, pero siguen sin comprender. El problema no es la falta de alimento, sino un corazón embotado que no recuerda, no ve y no escucha.
Quizá también nosotros discutimos por lo que creemos que nos falta y olvidamos lo que ya se nos ha dado. Podemos ejercitar una mirada más despierta, una memoria agradecida y una escucha más honda. Si nos atrevemos a limpiar el corazón y volver a lo esencial, descubriremos que la vida es más amplia de lo que pensamos. Feliz lunes.









