3 de marzo. Martes II de Cuaresma
Vivimos en una cultura donde la imagen pesa más que la coherencia y donde el reconocimiento público parece medir el valor de las personas. Las redes amplifican discursos impecables mientras la vida cotidiana a veces desmiente lo que proclamamos. Es inquietante la distancia entre lo que se dice y lo que realmente se hace.
Jesús denuncia esa fractura entre palabra y vida y señala el peligro de imponer cargas que uno mismo no está dispuesto a asumir. Nos advierte sobre la búsqueda obsesiva de honores y títulos que separan y jerarquizan, recordando que la verdadera grandeza no necesita escaparates.
También nosotros podemos revisar nuestras motivaciones y aligerar los pesos que colocamos sobre otros. Podemos elegir una coherencia discreta que transforme desde dentro nuestras relaciones y nuestras responsabilidades.. Feliz martes.
