30 de enero. Viernes de la III semana del tiempo ordinario.
Vivimos tiempos de prisa y de resultados inmediatos, donde todo parece medirse por la visibilidad y el impacto rápido. A menudo sembramos esfuerzos sin ver frutos y eso genera cansancio y desconfianza. Sin embargo, la vida sigue creciendo en silencios que no siempre sabemos leer.
El texto habla de una semilla que crece mientras el sembrador duerme y se levanta sin controlarlo todo. El crecimiento sucede paso a paso, desde lo pequeño hasta lo que da cobijo y alimento. Lo decisivo no es la fuerza inicial, sino la constancia de un proceso que madura a su tiempo.
Se nos invita a confiar en los procesos lentos y a cuidar lo pequeño que ya está brotando entre nosotros. Podemos aprender a esperar, a acompañar y a reconocer que no todo depende de nuestra urgencia. Feliz viernes.
