18 de febrero. Miércoles de Ceniza.
Vivimos en una cultura donde la imagen pesa más que la intención y la exposición parece garantizar valor. Compartimos logros, causas y compromisos buscando aprobación casi sin darnos cuenta. Corremos el riesgo de confundir visibilidad con autenticidad y aplauso con verdad.
El Evangelio señala tres prácticas concretas que educan el corazón, como son la limosna, el ayuno y la oración. La limosna nos libera del egoísmo y nos abre al otro; el ayuno nos desata de consumos y dependencias, la oración nos recoloca en lo esencial. No son gestos para ser vistos, sino caminos discretos que purifican la intención y reconstruyen por dentro.
La Cuaresma que hoy iniciamos es un proceso personal que nadie puede recorrer por nosotros.
No deberíamos olvidar que entramos en la Cuaresma como una gran comunidad de cristianos que aprende a sostenerse mutuamente en la invitación al Reino de Dios. Feliz miércoles.
