26 de abril. Domingo de la IV semana de Pascua
El mundo premia al que escala, al que controla, al que llega el primero sin mirar atrás. Pero hay otra forma de estar, más silenciosa y más honda, que empieza por conocer el nombre del que tienes al lado. La cultura del cuidado no hace ruido; simplemente no deja a nadie atrás.
El pastor del Evangelio no empuja ni encierra; llama, camina delante y abre puertas. No viene a quedarse con nada, sino a dar; no a robar la vida, sino a que la vida crezca y se ensanche. Su voz se reconoce porque no engaña y porque quienes la escuchan saben que no les va a abandonar.
Hoy podríamos mirar cómo acercarse a la vida de los demás, si por la puerta o saltando la valla. Se trata de profundizar en la cultura del cuidado, que es hacerse presente, escuchar, quedarse cuando cuesta, y acompañar. Feliz domingo.
