8 de abril. Miércoles de la octava de Pascua
En las ciudades modernas, millones de personas caminan cada día sin saber muy bien adónde van ni qué sentido tiene el camino que recorren. La rutina aplana la mirada y embota la capacidad de asombro ante lo que ocurre a nuestro alrededor. Muchos llevan dentro una decepción silenciosa, la sensación de que algo esperado no ha terminado de llegar.
Dos caminantes derrotados reciben en el camino la compañía de un desconocido que escucha, pregunta y abre el sentido de lo vivido. Solo al partir el pan, en ese gesto sencillo y compartido, reconocen en él al que creían perdido para siempre. El encuentro transforma la tristeza en fuego interior y les devuelve las ganas de volver y contar lo que han visto.
Intentemos estar atentos a quienes se acercan a nosotros en los momentos de desconcierto, porque a veces la clave está en el encuentro inesperado. Aprendamos a sentarnos a la misma mesa y a compartir lo que tenemos, pues en ese gesto algo se ilumina que antes estaba oscuro. . Feliz martes.

Gracias por el post, interesante, como siempre.