4 de marzo. Miércoles II de Cuaresma
En nuestra cultura, el éxito suele medirse por visibilidad, poder o reconocimiento. Las redes sociales y muchos discursos públicos refuerzan la idea de que triunfar es ocupar los primeros puestos y ser admirado. En medio de esa lógica, crece también una cierta inquietud sobre qué significa realmente tener éxito en la vida.
En el evangelio de Mateo, Jesús anuncia su camino hacia Jerusalén sabiendo que le espera el rechazo y la cruz. Mientras algunos sueñan con puestos de honor, él propone una lógica distinta. La verdadera grandeza no está en dominar ni en ocupar el lugar más alto, sino en servir y entregarse por los demás.
Tal vez nos convenga revisar juntos qué entendemos por éxito. Podemos aprender a valorar más la coherencia, el cuidado y la capacidad de sostener a otros en el camino. Quizá descubramos que una vida que sirve y acompaña deja una huella más profunda que cualquier aplauso. Feliz miércoles.
