23 de febrero. Lunes I de Cuaresma
Vivimos en una sociedad que mide el éxito por la visibilidad y el rendimiento. Nos conmueven las crisis lejanas, pero a menudo pasamos de largo ante el dolor cercano. Entre cifras y pantallas corremos el riesgo de acostumbrarnos a la indiferencia.
El relato evangélico presenta una escena de verdad definitiva donde todo queda al descubierto.
La clave no está en grandes discursos, sino en gestos concretos hacia quienes pasan hambre, sed o soledad. Lo decisivo es reconocer que cada acto de cuidado o de omisión tiene un alcance más profundo de lo que imaginamos.
Hoy se nos ofrece la oportunidad de mirar a nuestro alrededor con atención renovada. Podemos elegir acercarnos a quien necesita compañía y transformar lo cotidiano en espacio de humanidad compartida. Feliz lunes.
