2 de marzo. Lunes II de Cuaresma
Mientras el mundo contempla atónito cómo se escalan las hostilidades entre Irán, Estados Unidos e Israel, la lógica del ojo por ojo vuelve a imponerse devastadoramente. Cada ataque genera su respuesta, cada respuesta su justificación, y la espiral de represalias parece no tener fin. Como humanidad nos miramos en ese espejo y reconocemos nuestra peor cara.
El Evangelio nos propone una lógica radicalmente distinta, casi escandalosa frente a los telediarios. Quien renuncia a juzgar y a condenar no pierde altura moral sino que la gana, porque abre espacio para que la vida fluya con mayor generosidad. Lo que damos —comprensión, perdón, presencia— regresa a nosotros multiplicado y desbordante, con una medida colmada y rebosante.
Hoy podríamos preguntarnos ¿con qué medida estamos midiendo a quienes nos rodean? Practiquemos la generosidad como un hábito cotidiano, pequeño y constante, que transforma sin aspavientos el tejido frágil de nuestras relaciones y del mundo. Feliz lunes.
