26 de enero. Lunes de la III semana del tiempo ordinario

Vivimos tiempos de agendas partidas, identidades en conflicto y vínculos a medio construir. La prisa nos empuja a compartimentar la vida y a elegir bandos incluso dentro de nosotros. Así, lo cotidiano se vuelve frágil y cuesta sostener un proyecto común.

El relato nos recuerda que lo que se quiebra por dentro termina cayendo. Cuando cada parte tira por su lado, la casa pierde cimientos y el horizonte se estrecha. La unidad no es uniformidad, es coherencia que da fuerza y futuro.

El Evangelio nos invita a vivirnos más unificados. Se trata de convertir la dispersión en una diversidad que apunta a una vida en comunión. Se trata de cuidar lo pequeño, escuchar de verdad y recomponer lo común paso a paso. Feliz lunes.

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