18 de marzo. Miércoles IV de Cuaresma
Hay días en que la vida parece detenida, atrapada en rutinas que nos pueden pesar. Sentimos que nada cambia, que el futuro se achica y que nuestras fuerzas no alcanzan. Sin embargo, algo en lo profundo nos susurra que el movimiento no ha terminado.
El Evangelio de hoy nos habla de una vida que no se detiene ni ante la muerte misma. Jesús anuncia que quien escucha y confía ya ha cruzado el umbral hacia algo nuevo. No es promesa lejana, sino presente vivo que transforma desde dentro.
Hoy podríamos preguntarnos qué fuente interior nos sostiene cuando todo parece estéril. Vivir orientados hacia el bien, escuchar con atención, actuar desde lo que más nos dignifica. Eso es ya pasar, paso a paso, de una vida cerrada a una vida abierta. Feliz miércoles.
