21 de marzo. Domingo de la V semana de Cuaresma
Ante la muerte que siembra perplejidad y deja preguntas sin respuesta, sabemos que el dolor nos iguala a todos en nuestra fragilidad humana. Hoy también, como siempre, el mundo llora ante tumbas que parecen definitivas.
En el Evangelio, un amigo llora ante la tumba de Lázaro y se conmueve hasta las lágrimas; pero su amor no se detiene ante lo que parece imposible o ya acabado. Con una palabra potente, lo que estaba atado y cerrado queda libre y abierto.
La fe nos podría ayudar a atrevernos a creer que nada en nuestra vida está definitivamente cerrado, que incluso lo que creemos perdido puede sorprendernos con un giro inesperado. La vida es una puerta abierta por la que pasar. Feliz domingo.
