18 de abril. Sábado de la II semana de Pascua
Vivimos en una sociedad donde el miedo se ha convertido en el aire que respiramos cada día. La incertidumbre económica, los conflictos globales y la desinformación alimentan una angustia colectiva.
Los discípulos reman con fuerza en medio de la noche, solos y asustados ante una tormenta inesperada. De pronto, una presencia se acerca caminando sobre las aguas revueltas y les dice que no teman. Y lo extraordinario no es solo el milagro, sino que, en cuanto esa voz habla, la orilla aparece.
Hoy podríamos remar aunque la noche sea oscura y el viento sople en contra. Hay voces que, en medio del caos, nos recuerdan que no estamos solos en la travesía. Aprender a escucharlas es quizás el gesto más valiente que podemos hacer juntos. Feliz sábado.
