Sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

19 de abril. Domingo de la III semana de Pascua

Vivimos en un tiempo en el que todo parece visible y accesible, pero no lo entendemos. Nos cruzamos a diario con personas, historias y signos que pasan desapercibidos en medio de la prisa. La saturación de estímulos nos impide reconocer lo esencial.

El relato muestra a dos caminantes que, aun teniendo delante aquello que buscaban, no son capaces de reconocerlo. Caminan con tristeza, atrapados en su propia interpretación de lo sucedido, hasta que una presencia cercana les acompaña, les escucha y les ayuda a releer su historia. Solo cuando se detienen, comparten y abren espacio, sus ojos se abren y descubren lo que ya estaba con ellos desde el inicio.

También nosotros podemos aprender a mirar de otra manera lo que vivimos cada día. Podemos detenernos, escuchar más a fondo y dejarnos sorprender por lo que no encaja en nuestras expectativas. Quizá así descubramos que lo más importante no siempre es lo más evidente y que la vida está llena de presencias que esperan ser reconocidas. Feliz domingo.

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