Contento, Señor, contento

18 de agosto, martes XX del tiempo ordinario. San Alberto Hurtado

Estar estos días en Chile permite descubrir hasta qué punto la figura del jesuita Alberto Hurtado sigue presente en sus calles, instituciones y memoria colectiva. Murió precisamente un 18 de agosto de 1952, después de una vida sorprendentemente breve y fecunda, marcada por su cercanía a los pobres y por una pregunta que atravesaba su manera de vivir: ¿qué haría Cristo en mi lugar?

Alberto Hurtado entendió que la fe no podía quedarse encerrada en palabras o devociones. Fundó el Hogar de Cristo, acompañó a jóvenes y trabajadores y quiso mirar la realidad desde quienes quedaban al margen. Su conocido «Contento, Señor, contento» no expresaba una felicidad ingenua, sino la confianza de quien había decidido entregar su vida allí donde más falta hacía.

Quizá hoy podamos dejarnos provocar también nosotros por su manera de mirar el mundo. Preguntarnos ante una persona, una injusticia o una necesidad qué podemos hacer nosotros en este lugar y en este momento. Tal vez la felicidad tenga bastante que ver con dejar de vivir únicamente para nosotros mismos y descubrir que todavía podemos hacer la vida un poco mejor a alguien. Feliz martes.

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