7 de marzo. Sábado II de Cuaresma
Cuando parece que la muerte se asienta y nos quita a alguien que ocupa mucho el corazón, podemos quedarnos en eso. Pero la lección que nos da el buen padre en el relato de Lucas es fundamental para ver la vida: «Era preciso celebrar un banquete y alegrarse». Porque desde la muerte vemos la vida de otra manera, y en esa mirada encontramos tantas cosas que agradecer y celebrar. En el cuadro que representa esta escena, vemos al hijo con la cabeza a la altura del vientre, como queriendo volver al seno de la madre. En el Evangelio, tras el dolor, el deseo se convierte en banquete y alegría por la vida sufrida y compartida.
