7 de marzo. Sábado II de Cuaresma
Cuando parece que la muerte se asienta y nos quita a alguien que ocupa mucho el corazón, podemos quedarnos en eso. Pero la lección que nos da el buen padre en el relato de Lucas es fundamental para ver la vida: «Era preciso celebrar un banquete y alegrarse». Porque desde la muerte vemos la vida de otra manera, y en esa mirada encontramos tantas cosas que agradecer y celebrar. En el cuadro que representa esta escena, vemos al hijo con la cabeza a la altura del vientre, como queriendo volver al seno de la madre. En el Evangelio, tras el dolor, el deseo se convierte en banquete y alegría por la vida sufrida y compartida.

Qué reflexión tan hermosa y necesaria. Es verdad que el dolor puede nublarlo todo, pero encontrar ese «banquete» de agradecimiento en medio de la pérdida es un paso vital para sanar. En esos momentos donde el corazón pesa, yo suelo recurrir a Breath-wave para reencontrar mi centro. Practicar las sesiones de Wim Hof directamente desde mi Watch me ayuda a procesar esas emociones difíciles y a transformar el dolor en una respiración de paz. Gracias por recordarnos que, tras el sufrimiento, siempre es preciso celebrar la vida compartida.