2 de febrero. Lunes de la IV semana del tiempo ordinario. Presentación del Señor. Día de la vida consagrada.
En un tiempo de prisas, ruido y agendas llenas, seguimos buscando gestos que den sentido y sostengan la esperanza cotidiana. Nos interpelan las personas que viven con coherencia, paciencia y entrega silenciosa. En medio de tanta incertidumbre, vuelve la pregunta por para quién vivimos.
El Evangelio nos presenta a quienes saben esperar y reconocer lo valioso cuando llega a sus manos. Simeón y Ana descubren en lo pequeño una luz capaz de orientar a muchos y de revelar lo que habita en el corazón. La vida crece cuando es acogida, cuidada y ofrecida con confianza.
Hoy podríamos mirar a quienes han hecho de su vida una entrega que ilumina y despierta preguntas fecundas. Nos podemos recordar para quién somos y hacia dónde orientamos nuestros dones, construyendo juntos una cultura de sentido y misión compartida. Feliz lunes
