8 de marzo. Domingo III de Cuaresma
Vivimos en un tiempo de conversaciones rápidas y relaciones frágiles. Nos cruzamos cada día con muchas personas y, sin embargo, pocas veces nos detenemos de verdad. En medio del ruido cotidiano sigue existiendo una sed profunda de sentido, escucha y encuentro.
Junto a un pozo, Jesús inicia un diálogo inesperado con una mujer extranjera y marginada.
No se queda en la superficie de la conversación y le habla de un agua que sacia la sed más honda de la vida. De ese encuentro nace una transformación que la impulsa a volver a su pueblo y compartir lo que ha descubierto.
Quizá también nosotros podamos detenernos hoy junto a los pozos cotidianos de nuestra vida.
Tal vez ahí, en conversaciones sencillas y miradas sinceras, descubramos algo que nos renueve por dentro. Estemos atentos a esa agua que devuelve profundidad y esperanza a lo humano. Feliz domingo.
