28 de febrero. Sábado I de Cuaresma
En un mundo donde el odio se viraliza en segundos y el desprecio al adversario se convierte en espectáculo, la palabra amor suena casi ingenua. Sin embargo, es precisamente en ese clima de hostilidad donde la propuesta de amar al enemigo adquiere toda su radicalidad. No se trata de un sentimentalismo blando, sino de la actitud más contracultural que existe hoy.
En el Evangelio, amar no es solo sentir afecto por quienes nos resultan cercanos o agradables, porque eso no exige ningún esfuerzo real. La invitación va mucho más lejos, hacia quienes nos incomodan, nos contradicen o incluso nos hacen daño. Como el sol que sale para todos sin excepción, el amor verdadero no elige a quién iluminar.
Atrevámonos hoy a dar un paso hacia alguien con quien tenemos distancia, sin esperar que sea el otro quien lo dé primero. Descubriremos que amar así no nos hace más débiles, sino más enteros y más humanos. Feliz sábado.
