1 de marzo. Domingo II de Cuaresma
En tiempos donde la inmediatez y el ruido digital saturan nuestra atención, nos cuesta detenernos para contemplar lo que realmente importa. La vida contemporánea nos arrastra en una corriente de urgencias que apenas nos deja tiempo para ver con profundidad. Sin embargo, hay momentos en que la realidad se rasga y aparece una luz diferente.
Jesús sube al monte con sus discípulos más cercanos y ante ellos su figura se transforma en pura luminosidad. Moisés y Elías, figuras del pasado que custodian la memoria del pueblo, conversan con él mientras una voz desde la nube proclama su identidad más honda. Los discípulos, sobrepasados por la experiencia, escuchan una palabra que los invita a ponerse en pie y a no temer.
Hay cumbres que vale la pena subir aunque las piernas duelan y el camino se haga largo. Subamos a esos lugares donde la vida se ve con más claridad, donde el encuentro con lo esencial nos transforma por dentro. Feliz domingo.
