17 de marzo. Martes IV de Cuaresma
Vivimos en un tiempo donde muchos permanecen esperando una oportunidad que no llega, atrapados en sistemas que parecen no verlos. Hay cansancio acumulado en quienes sienten que siempre llegan tarde o que otros pasan delante. La soledad se vuelve más dura cuando parece que nadie se detiene a preguntar cómo estamos.
El relato muestra a un hombre paralizado por años, sin nadie que lo ayude, resignado a su suerte. La pregunta que se le dirige rompe esa inercia y abre una posibilidad nueva. No es el agua la que lo levanta, sino una palabra que despierta su dignidad y lo pone en camino, incluso cuando otros cuestionan ese paso.
También nosotros podemos detenernos ante quienes quedan al borde, preguntarnos de verdad qué necesitan y ayudar a que den un paso. Podemos elegir no acostumbrarnos a las esperas interminables ni a las normas que olvidan a las personas. Feliz martes.
