10 de mayo. Domingo de la VI semana de Pascua
El mundo nos mide por lo que hacemos y conseguimos, olvidando el valor del estar, esa presencia quieta que sostiene las relaciones más verdaderas. Aprender a estar es quizás uno de los gestos más contracorriente de nuestro tiempo.
Jesús no promete a los suyos un poder ni un programa, sino un estar con y un estar en, una presencia que mora, que acompaña, que no abandona. El amor, según este texto, no es solo sentimiento, sino habitación mutua.
Hoy podríamos mirar a nuestro alrededor y reconocer a las personas con las que estamos y en las personas en las que estamos. Es un modo de descubrir que frente a la tentación del hacer, simplemente podemos estar ahí para otros. Feliz domingo.
