28 de mayo. Nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote
Hay días en que nos levantamos ya cansados, sin saber muy bien por qué el peso es tan grande. Cargamos cosas que no pedimos y que tampoco sabemos muy bien cómo soltar. Y a veces, en medio de todo eso, lo único que queremos es que alguien se quede cerca.
En el huerto de Getsemaní, alguien sudó frío ante lo que se le venía encima y no fingió que no tenía miedo. Pidió que las cosas fueran de otra manera, con una honestidad que da respeto y ternura a la vez. Y en ese instante más humano que nunca, aprendió que rendirse a lo que no controlamos también puede ser un acto de amor.
Nosotros también hoy podríamos elegir no escapar cuando la vida se pone difícil. Podemos aprender a quedarnos, a no escondernos cuando alguien nos necesita, a no cambiar de tema cuando duele. En ese quedarse sin huir está, quizás, lo mejor que podemos darnos unos a otros. Feliz jueves.
