12 de febrero. Jueves de la V semana del tiempo ordinario
Vivimos en sociedades que levantan fronteras visibles e invisibles casi sin darnos cuenta.
Nos puede incomodar la voz de quien llega desde fuera y habla distinto, y como sociedad preferimos proteger lo que sentimos como propio. Así, la mesa se estrecha y el corazón se acostumbra a decidir quién merece sentarse y quién no.
En el relato, una mujer extranjera irrumpe en ese esquema movida por el amor a su hija.
Acepta incluso palabras duras, pero no renuncia a pedir, y con una respuesta humilde y valiente logra abrir una rendija en lo que parecía cerrado. Su confianza transforma la escena y la vida regresa a su casa, como si el límite hubiera sido desbordado desde dentro.
Tal vez también nosotros estamos llamados a dejarnos tocar por la perseverancia de quienes no se resignan. Si escuchamos de verdad, nuestras seguridades pueden ensancharse y la mesa hacerse más amplia para todos. Feliz jueves.
