13 de septiembre, domingo XXIV del tiempo ordinario
Vivimos en una sociedad con enormes heridas, donde además resulta fácil llevar la cuenta de las heridas, de las palabras que nos dolieron y de aquello que creemos que otros nos deben. También acumulamos agravios colectivos y terminamos mirando al diferente desde la sospecha. El rencor promete protegernos, pero acaba encerrándonos.
Jesús responde a Pedro que hay que perdonar «setenta veces siete». No está pidiendo ingenuidad ni que neguemos el daño, sino que dejemos de vivir prisioneros de él. Perdonar es permitir que la última palabra sobre nuestra historia no la tenga la herida, sino la misericordia.
Quizá hoy podamos preguntarnos qué nombre, qué recuerdo o qué conflicto seguimos anotando en nuestra particular cuenta pendiente. Reconciliar no siempre significa volver a lo de antes, pero sí abrir una posibilidad nueva para nosotros y para los demás. A veces, el primer paso consiste simplemente en dejar de alimentar el resentimiento. Feliz domingo.
