22 de febrero. Domingo I de Cuaresma
Vivimos rodeados de promesas inmediatas que nos aseguran éxito, bienestar y reconocimiento sin esfuerzo. Las pantallas nos ofrecen atajos constantes y nos invitan a medir nuestro valor por lo que acumulamos o aparentamos. En medio de esta presión silenciosa, el hambre más profunda suele quedar sin nombre.
Hoy se nos presenta a Jesús en el desierto, atravesando la fragilidad del ayuno y la soledad.
Allí rechaza convertir las piedras en pan, negarse a la espectacularidad y no aceptar el dominio fácil sobre el mundo. Responde afirmando que la vida no se sostiene solo en lo material, que no todo poder merece ser aceptado y que la fidelidad interior es el verdadero alimento.
También nosotros atravesamos desiertos donde se ponen a prueba nuestras prioridades y nuestras lealtades. Podemos elegir no vivir de apariencias ni de éxitos rápidos, sino de convicciones hondas que den sentido a cada decisión. Feliz domingo.

Gracias!!!