14 de marzo. Sábado III de Cuaresma
Vivimos en un tiempo en el que la exposición constante invita a compararnos. Las redes, los discursos públicos y hasta las conversaciones cotidianas pueden convertirse en escaparates donde cada uno trata de mostrarse mejor que el otro. Sin darnos cuenta, la vida puede transformarse en una competición silenciosa por parecer más justos, más acertados o más valiosos.
El Evangelio presenta a dos hombres que se sitúan ante Dios de manera muy distinta. Uno se mira a sí mismo con orgullo y se compara con los demás, mientras el otro reconoce con sencillez su propia fragilidad. Jesús invierte la lógica habitual y afirma que quien se abre con humildad a la verdad de su vida encuentra un camino más auténtico que quien se encierra en su propia autosuficiencia.
Quizá por eso las historias de amor que celebramos hoy, como la de Álvaro y Elena que hoy se nos casan, recuerdan algo esencial de la vida. Amar no consiste en presentarse perfectos, sino en caminar juntos con verdad, reconociendo límites y aprendiendo a mirarse con misericordia. Feliz sábado.
