17 de julio, viernes de la XVI semana del tiempo ordinario
Vivimos en un mundo capaz de revestir de legalidad decisiones profundamente crueles.
Se cierran fronteras, se expulsa a quienes buscan refugio y se abandona a personas vulnerables mientras se afirma que todo se ha hecho conforme a la norma. La crueldad no deja de ser crueldad por aparecer escrita en una ley o amparada por un procedimiento.
Ante quienes condenan a sus discípulos por arrancar unas espigas en sábado, Jesús responde «Quiero misericordia y no sacrificio». La norma que ignora el hambre, el sufrimiento y la dignidad termina traicionando aquello que pretendía proteger.
Hoy podríamos atrevernos a cuestionar aquellas normas, decisiones y costumbres que producen sufrimiento evitable. No aceptemos como justo todo lo que es legal ni permitamos que los procedimientos silencien nuestra conciencia. Construyamos una convivencia en la que la misericordia sea más fuerte que la indiferencia y la crueldad. Feliz viernes.
