18 de julio, sábado de la XVI semana del tiempo ordinario
Vivimos tiempos en los que el enfrentamiento parece haberse convertido en la forma habitual de resolver los desacuerdos. En las redes, en la política e incluso en nuestras relaciones cotidianas, la dureza suele recibir más atención que la serenidad.
El Evangelio de hoy presenta a un Jesús muy distinto. Mientras algunos traman cómo acabar con él, responde alejándose de la confrontación y dedicándose a curar a quienes lo necesitan. Mateo recuerda las palabras de Isaías y describe a un siervo que no grita, que no rompe la caña resquebrajada ni apaga la mecha que aún humea.
Hoy podríamos preguntarnos qué personas viven cerca de nosotros con la caña quebrada o la mecha vacilante. Tal vez se nos invita a ser menos jueces y más compañeros de camino, menos impulso para condenar y más capacidad para reconstruir. Feliz sábado.
