7 de octubre miércoles XXVI del tiempo ordinario. Bienaventurada Virgen María del Rosario
En casa de mis abuelos tenían la costumbre de rezar el rosario a la tarde mientras limpiaban los zapatos para el día siguiente. Es un modo de introducir la oración en lo cotidiano. El asunto y la pregunta son cómo rezamos hoy con nuestras apretadas agendas.
Los discípulos preguntan a Jesús sobre la oración y Él les enseña el Padre Nuestro, que es la oración de cada día. El Evangelio necesita conectarse con el pan de lo cotidiano para abrir los ojos para el Reino que se acerca y así seguir caminando con más acierto en esa tensión entre el cielo y la tierra.
Hoy necesitamos reaprender a orar. Hacemos intentos como la meditación, nos ponemos los cascos con aplicaciones que nos rezan, pero seguimos sedientos de una oración que nos conecte con una profundidad distinta. Que la Virgen del Rosario nos ayude. Feliz miércoles.
