18 de septiembre, viernes XXIV del tiempo ordinario
Vivimos en una sociedad y una Iglesia donde todavía cuesta reconocer y valorar por igual la aportación de todas las personas. Muchas tareas esenciales siguen siendo invisibles, aunque sin ellas nuestra vida común simplemente no podría sostenerse.
El Evangelio nos presenta a Jesús caminando acompañado por hombres y mujeres. No hay espectadores, sino personas diferentes que ponen su historia, sus capacidades y sus bienes al servicio de una misma misión.
Hoy podríamos preguntarnos quiénes hacen posible silenciosamente nuestro camino y aprender a reconocerlos. Se trata de construir espacios donde nadie quede relegado y donde cada persona pueda aportar lo que es y lo que tiene. Feliz viernes.
