20 de octubre, domingo XXIX del tiempo ordinario
Adolfo Nicolás nos advertía a los jesuitas de estar distraídos. Vivimos en un mundo que dispersa nuestra atención y, en el entretanto, la realidad, con su habitual tozudez, nos arrolla en todos los planos, el personal y el social incluidos.
El Evangelio es una constante llamada a la atención, a estar en vela. El Reino de Dios aparece de manera inesperada, como el Señor de la parábola, y conviene que nos enteremos de la fiesta. Lo de Jesús siempre sorprende desde lo cotidiano, ya sea de noche o de día.
Una invitación para hoy podría ser caer en la cuenta de las cosas a las que prestamos atención. Corremos el riesgo de que siempre estemos atentos a cosas de otros que en realidad no nos interesan. Feliz martes.
