26 de junio. Viernes de la XII semana del tiempo ordinario
Hay momentos en que el aislamiento se vuelve invisible y cotidiano. Tantas personas cargan etiquetas que las dejan descartadas de la sociedad. La cercanía sigue siendo el gesto más escaso y más necesario.
Un hombre marcado por la enfermedad se atreve a pedir ayuda. Una mano se extiende sin miedo y lo devuelve a la vida compartida. Lo que parecía irreversible se transforma en un nuevo comienzo de vida.
Hoy podríamos intentar tender la mano allí donde otros prefieren la distancia. Se trata de ayudar a reconocer la dignidad de quien ha sido apartado por costumbre o por miedo. Tenemos el reto de construir juntos espacios donde nadie quede del otro lado de la puerta. Feliz viernes.
